VaYerá 4-4

Y se apareció

Génesis 19:21 – 21:4

Por Dr. K. Blad

Y las dos hijas de Lot concibieron de su padre. Y la mayor dio a luz un hijo, y lo llamó Moab; él es el padre de los moabitas hasta hoy. Y en cuanto a la menor, también ella dio a luz un hijo, y lo llamó Ben-ammi; él es el padre de los amonitas hasta hoy. (Gén. 19:36-38 LBLA)

¿Cómo el Mesías fue sacado de Sedom?

El Eterno no quiere que nadie se pierda sino que todos sean salvos y lleguen al conocimiento de la verdad. No se deleita en la muerte del impío. Siempre desea el arrepentimiento del pecador para poderle rescatar de su miseria y darle una nueva vida.

Cuando los hijos de Israel entraron en la tierra prometida, fueron ordenados a destruir las siete naciones descendientes de Kenáan por causa de su depravación. Pero hubo una excepción entre todos ellos, una prostituta llamada Rajav (Rahab) se arrepintió de su pecado (Heb. 11:31; Jacobo 2:25) y fue recibida dentro del pueblo de Israel de tal manera que llegó a ser una de las madres (ascendientes mujeres en la genealogía) del Mesías (Mat. 1:5).

Esto nos enseña que la puerta no estaba cerrada para los descendientes de Kenáan para entrar en el pueblo de salvación, Israel. Por medio del arrepentimiento y fidelidad al Elokim de Israel, cualquier gentil, por muy lejos del Eterno que sea, podrá recibir la herencia entre los santos.

Rajav, descendente de un pueblo maldecido y depravado, llegó a tener el honor de ser mencionada en la genealogía del Mesías Yeshúa. ¡Qué grande es la gracia del Eterno para una persona arrepentida!

Esto quiere decir que hay genes de Kenáan en el Mesías. Parte de la formación del cuerpo y alma del Mesías tenía que venir del pueblo de Kenáan para poder redimir ese pueblo de sus pecados, porque él no es el redentor del pueblo judío solamente, sino de todo el mundo (1 Jn. 2:2). El Mesías tenía que reunir en su constitución el conjunto de todos los hombres de la tierra y el ejemplo de Rajav muestra que el pueblo más maldecido en la historia también estaba incluido en el plan de salvación que se llevó a cabo en el Mesías Yeshúa. Si ese pueblo pudo caber en el Mesías, también todos los demás pueblos podrán caber dentro de él.

Ahora, hay más en este sentido. Las hijas de Lot tenían una madre de Sedom (Sodoma), también hija (descendiente) de Kenáan. Las dos se quedaron embarazadas de su padre después de hacer unos arreglos de borrachera con él. A pesar de no tener una moral alta, tenían un motivo bueno detrás de su acto de fornicación. Querían tener descendencia y por eso el Eterno permitió que nacieran dos pueblos por medio de ellas. La mayor obtuvo un hijo y lo llamó descaradamente Moav – del hebreo meav מאב “de padre”. La menor era más discreta y llamó a su hijo Ben Amí – בן עמי “hijo de mi pueblo”. De Moav se desarrolló el pueblo moabita y de Ben Amí vinieron los amonitas.

Más adelante encontramos una mujer moabita, Rut, que toma la decisión de dejar a sus dioses y a su pueblo e unirse al pueblo de su suegra Naomí (Noemí), el pueblo de Israel, donde se encuentra la salvación. Rut, la moabita, fue aceptada dentro del pueblo por los jueces, porque habían establecido la halajá – ley práctica – que la prohibición de la Torá contra los amonitas y moabitas, para entrar en el pueblo de Israel, sólo se refería a los varones, no a las mujeres (Deut. 23:3). Boaz (Booz) era el juez principal en Israel en ese tiempo y él estableció esta halajá. Esto nos enseña que gran parte de la Torá escrita tiene que ser interpretada y entendida por la torá oral, transmitida por los líderes del pueblo de Israel a lo largo de la historia.

Rut venía del pueblo moabita, que a su vez venía de la esposa de Lot, que venía del pueblo de Sedom, que venía de Kenáan (Gén. 10:19), el pueblo maldecido.

Más tarde hubo un rey, Rejavam (Roboam), hijo del rey Shlomo (Salomón), que había nacido de la unión entre Shlomo y una mujer amonita llamada Naamá (1 Rey. 14:21, 31; 2 Cron. 12:13). Este rey Rejavam es también uno de los ancestros del Mesías Yeshua (Mat. 1:7).

Con otras palabras, vemos que por tres mujeres entraron genes del pueblo de Kenáan en el Mesías Yeshúa, y por Sus méritos, por su sufrimiento y muerte expiatoria, estas mujeres fueron rescatadas de la maldición y la muerte que habían caído sobre su pueblo. El arrepentimiento y la fidelidad al Elokim de Israel activó este plan de redención para ellas. Todos los descendientes de Kenáan tenían la misma oportunidad para el arrepentimiento, pero muy pocos se aprovechaban de ella.

Esto nos enseña que no hay maldición demasiado grande que no pueda ser levantada por medio de la obra del Mesías. Él fue hecho maldición para quitar la maldición de todos los que confían en el Eterno y su plan de redención en el Mesías Yeshúa, nuestro Señor (Gal. 3:13).

Por esta razón entendemos por qué los ángeles tenían que sacar a Lot y a sus hijas de Sedom, porque indirectamente estaban sacando al Mesías de allí. El Mesías necesitaba parte de los genes de ese pueblo para poder representarlo delante del Todopoderoso y llevarlo en su cuerpo y así rectificar lo que ellos habían torcido.

¡Qué maravillosos son los planes del Eterno! Él puede utilizar lo maligno y perverso para llevar a cabo sus propósitos y Él puede librarnos de toda consecuencia del pecado por medio de su Ungido, Yeshúa. ¡Bendito sea Su Nombre para siempre!

          Yom tov – buen día,

Ketriel

 

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