53 Haazinu

Parashat Haazinu

Prof. José Alberto Fuentes

Devarim (Deuteronomio) 32:1-52

Haftará: 2 Samuel 22:1-51

 

"Oye, Oh cielos, y yo hablaré; y la tierra escuchará las palabras de mi boca" (Devarim 32:1)

Moshé rabenu revela con estas primeras palabras una enseñanza muy importante. En primer lugar, nos muestra que el ser humano tiene la capacidad de hablarle a los cielos, el concepto cielos muchas veces tiene que ver con lo divino, de tal manera que el hombre tiene la capacidad de dirigirse a Dios con sus palabras, y también la Torá deja claro que los cielos (Dios) escuchan. En segundo lugar, como consecuencia de lo primero, cuándo los cielos oyen nuestras palabras, la tierra (dimensión física) escuchará las palabras de nuestra boca. Es decir, ¿quieres ser escuchado en la tierra? Primero te deben escuchar arriba, trabaja arriba para lograr cambios verdaderos abajo.

Nuestros Sabios dicen "Aquél que teme a los Cielos será escuchado por el hombre". Esto es lo que este versículo nos enseña: “Oye, Oh Cielos, y yo hablaré..." - Si los Cielos van a oír lo que yo digo, "la tierra escuchará las palabras de mi boca" - aquellos en la tierra también escucharán mis palabras. (HaAdmor Rabi Abraham Yaacob de Sadigora).

Dicen los sabios del Zohar que cuando Moshé dijo “oye cielos”, todos los mundos retumbaron, fueron sacudidos por sus palabras. ¿Te das cuenta del poder que tiene el hombre para afectar los mundos superiores? Por lo tanto, comienza a abrir tu boca y dirige tu voz a los cielos.

Me parece que esta enseñanza es vital, tanto para afectar nuestra propia vida como la de los demás y el mundo entero.

Otro aspecto de este texto es el siguiente:

Los cielos y la tierra son dos testigos contra Israel, cf. 30:19; 31:28, porque han documentado toda su historia. Realmente son tres testigos, porque la palabra hebrea para cielos, shamayim, está escrita de forma dual, es decir se trata de un par de cielos. La historia de Israel está escrita tanto en los cielos como en la tierra. (Dr. Ketriel Blad)

Tenemos claro por varios textos que los cielos y la tierra son testigos que Dios ha usado desde la fundación del mundo. Por lo tanto, no solo Israel tiene a estos testigos, sino que son los testigos de toda la humanidad, desde Adam. En otros estudios develamos el significado del texto tan discutido de Génesis 1:26 - Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza –  Mencionamos que, el hagamos es un dialogo metafórico entre Dios y sus dos testigos, los cielos y la tierra, de ahí el controvertido plural hagamos. Es decir que hombre tiene una parte celestial, que es el alma que insuflo Dios en el hombre, y también tiene una parte terrenal ya que el hombre fue creado del polvo de la tierra. El hecho de que se relaciones nuevamente en el texto que estamos estudiando estos dos conceptos, es para recordarnos que el hombre, tiene el poder y debe ser así, de unir los cielos con la tierra, esa es la misión número uno del hombre, cuando él logra esto entonces se convierte en esa imagen y semejanza con la que fue creado en un principio.

 

Como el águila que excita su nidada, Revolotea sobre sus pollos, Extiende sus alas, los toma, Los lleva sobre sus plumas. (Devarim 32:11)

Sobre este versículo rabí Ginsburgh comenta magistralmente lo siguiente:

Las alas mesiánicas.

Una de las imágenes más poderosas en este canto es la del águila sobrevolando su nido lleno de pichones (Deuteronomio 32:11). En esta metáfora, Di-s, el águila, viene a despabilar a sus polluelos, revolotea sobre ellos, despliega sus alas y finalmente los pone sobre ellas en un vuelo redentor a través del cielo.

En este versículo hay dos sinónimos para "alas": canaf, de valor numérico 150 y evrá, 208. Estas palabras juntas suman 358, el valor numérico de Mashíaj. El águila llevando al pueblo judío sobre sus alas es el Mashíaj, llevando a cabo su misión mesiánica divina.

En la porción de la Torá Itró (Éxodo 19:4) Di-s también se refiere a la redención de Egipto como "sobre las alas de las águilas". Reforzando la idea que el águila y sus alas tienen implicancias claramente mesiánicas.

El águila sobrevuela.

Antes de que el águila tome a sus hijos sobre sus alas primero debe despertarlos. El águila es un ave enorme y poderosa y si se posa repentinamente sobre su nido puede llegar a aplastar a sus frágiles pichones. Por eso, nuestro versículo describe al ave sobrevolando sobre su nido, dirigiéndose hacia sus hijos como la más delicada de las criaturas, manifestando un perfecto balance y estabilidad.

El verbo rajef, "sobrevolar", es muy raro en la Torá, siendo una de sus pocas apariciones en el segundo versículo de Génesis: "... y el espíritu de Di-s sobrevuela sobre las aguas". Explican nuestros sabios que este es el espíritu del Mashíaj sobre las aguas de la teshuvá, produciendo el despertar de la conciencia de las almas para retornar a Di-s.

Estas dos expresiones de "sobrevolar" son absolutamente complementarias. Ambas apuntan hacia el despertar del pueblo judío a la realidad mesiánica de retornar a Di-s.

Tocar y no tocar.

En cabalá y jasidut el revoloteo de las águilas es llamado "tocar y no tocar". El águila es capaz de hacer ambas acciones simultáneamente, permitiendo a sus pichones despertar poco a poco, de acuerdo con la capacidad de cada uno de captar su presencia.

El poder de tocar es el de involucrarse, de inspirar al prójimo. No tocar, por su parte, le permite al otro ejercer el libre albedrío, de tal manera que su alma pueda despertarse por sí misma en su deseo de ascender hacia Di-s. El águila – Mashíaj – nos inspira y a la vez, paradójicamente, nos permite incorporar lentamente la nueva realidad mesiánica de acuerdo a nuestro propio ritmo individual.

 El canto de las alas del águila.

La palabra hebrea para "águila" es nesher – nun-shin-resh. Las dos letras finales forman la palabra shar, del verbo "cantar". De todas las palabras del canto Haazinu, shar es la sílaba esencial de nesher.

Enseñan nuestros sabios que cuando el águila se acerca a su nido bate sus alas para crear un canto, preparando delicadamente a sus pichones para su arribo. Para despertar las almas del pueblo judío y junto con ellos al mundo entero, cada persona con su propia chispa del Mashíaj debe poseer el poder de la poesía y la melodía inherente al águila.

El nido.

Nuestro verso describe al águila incitando (a los pichones en) su nido. Nuestros sabios enseñan que el Mashíaj está sentado en el nido del jardín del Edén, esperando para redimir al mundo.

La palabra hebrea para "nido" es ken, que está asociada con tikún, "rectificación" y también con kinián, "posesión". La posesión más perfecta es la nueva Torá del Mashíaj, el canto de las alas del águila, que comienza a resonar a medida que se va aproximando a su cría.

Esta nueva Torá mesiánica dará lugar a nuestra rectificación, como el águila que se aproxima suavemente a su nido, tocando y no tocando, despertando a sus hijos que la esperan.

Todo para bien

La palabra para "pichones" en nuestro versículo es gozalav, "sus pichones", cuya raíz es guimel-zain-lamed. Estas tres letras son un acrónimo de una frase muy conocida y básica del judaísmo: Gam Zu Letová, "Esto también es para bien". El pichón esperando ser elevado sobre las alas mesiánicas debe ser despertado a la conciencia de que todo lo que nos sucede es para bien, y que llevará finalmente a la redención verdadera y completa.

Espero que sea de mucha bendición.

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