46 Ékev

Parashat Ékev

Prof. José Alberto Fuentes

Devarim (Deuteronomio) 7:12-11:25

Haftará: Yeshayahu (Isaías) 49:14-51:3

 

"Comerás y te saciaras y bendecirás a Hashem tu Dios por la tierra buena que te ha dado.” (Deuteronomio 8:10)

Sabemos que la Torá es la base que sostiene a todo el edificio llamado “Sagradas Escrituras”. En la Torá está codificado todo el cuerpo legal, que dice qué hacer y qué no hacer. Como es evidente, en el texto que estudiaremos está la mitsvá de bendecir al Eterno después de haber ingerido alimentos. No hay otro mandamiento en la Torá que hable de bendecir al Eterno por los alimentos más que este.

Sin embargo, la mayoría de creyentes que lee este estudio, que alguna vez pertenecieron a las filas del cristianismo evangélico, tenían o tienen la costumbre de bendecir a Dios antes de ingerir un alimento y no al final, como lo dice la Torá. O quizás alguien si lo haga, pero en su gran mayoría la oración principal por los alimentos es antes y no después, como lo dice la Torá.

¿Y de dónde viene esta costumbre? Muchos argumentan que, es por lo que nos enseña Yeshúa cuando bendice antes de comer los panes y los peces, como está documentado:

Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud. (Mateo 14:19).

Pero Yeshúa, como buen judío, también bendice al Eterno después de haber comido, e incluso sigue la tradición de los rabinos de bendecir sobre una copa de vino, como está escrito:

Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. (1Corintios 11:15).

El que conoce un poco del judaísmo, podrá notar que esta costumbre de tomar la copa después de haber comido, es justo para bendecir al Eterno como lo marca el precepto de la Torá que estamos analizando.

 Entonces aprendemos que es muy importante bendecir a Dios por los alimentos, tan importante que los sabios estipularon ir más allá de la letra de la ley, por eso vemos a Yeshúa bendiciendo antes y después.

Y ¿cuál es la lógica de estos preceptos? ¿por qué bendecir antes y después de los alimentos?

Daremos énfasis en bendecir antes de comer, como lo estipularon los sabios, ya que es un tema sumamente importante y que, al final, es una extensión del texto que estamos estudiando.

     

Leemos en Pirké Avot (3:20): “la tienda está abierta, el propietario vende a crédito, cada uno es libre de servirse, pero con su propia mano inscribe su deuda en su libro.” Se trata de este mundo que se nos presenta con la posibilidad de disfrutar de él. Pero el “computador” celestial funciona de tal modo, que lo que recibimos lo inscribimos nosotros mismos en nuestra cuenta. Al despedirse de este mun­do tendrá uno que cubrir una enorme deuda acumulada, a menos que haya “pagado” al Creador a medida que goza y se beneficia. ¿Cómo logro pagar mi deuda?

Efectivamente el Talmud, en el tratado de Berajot folios 35a y 35b, nos enseña sobre el precepto (mitsvá) de recitar las berajot (bendiciones) antes de tener provecho de algo, y nos da la respuesta. Esto se apren­de de dos versículos aparentemente contradictorios. El primero es el que dice: “De Dios es la tierra y todo lo que hay en ella” (Salmo 24:1). El segundo afirma: “Los cielos pertenecen a Dios y la tierra le fue entregada al hombre” (Salmo 115:16).

Los sabios aclaran esta supuesta contradicción explicando que el primer versículo se refiere a cuando una persona tiene provecho de la creación sin bendecir y agradecer a Dios, en cambio el segundo versículo está refiriéndose cuando la persona toma concien­cia de que existe un Supremo Hacedor, quien le brinda el bienestar y por ende bendice a Dios antes de tener provecho de lo que lo rodea, entonces la tierra le pertenece y no es deudor.

La cabalá nos enseña que toda materia contiene una base de espiritualidad, todo alimento comes­tible en particular, vegetal o animal, encierra lo que los sabios de Israel llaman una “centella de kedushá (santidad)” proveniente de las esferas espirituales superiores. Al pronunciar la berajá y al comer este alimento liberamos esta kedushá y la integramos a nuestra alma. La materia se convierte entonces en desperdicios. Nuestro ser, así enriquecido, al utilizar las fuerzas físicas que le procuran los alimentos para estudiar la Torá y practicar las mitsvot va a elevar esta kedushá y volverla a su fuente superior. El sabor del alimento es justamente una manifestación de esta centella de kedushá y su goce una parte infinitesimal, transpuesta y degradada al mundo físico, del goce infinito de la riqueza del mundo espiritual. Debemos cuidarnos y no dejarnos cautivar por este goce material, gus­to anticipado, desechable en sí del verdadero goce que nos procura nuestra alimentación espiritual en Torá y mitsvot. (Kitzur Shulján aruj pags. 85-86).

Se enseña que Avraham avinu (nuestro padre) es el pionero de la bendición después de la comida. Él, que albergaba a los viajeros que pasaban por su tienda, los atendía muy bien, como es evidente en la Escritura. Después que comían él les pedía que bendijeran al Eterno, que es el amo de todo y que, como vimos en las palabras del Shuljan aruj, el no hacerlo es como robarle, entonces él les decía que si no querían pagar por los manjares que comieron debían bendecir a Hashem. ¡Que grandeza la de Avraham! Así queda vez que actuamos de esta manera reconociendo al Amo de todo, nos conectamos con la mesa de Avraham avinu.

Comparto un extracto de la berajá que el pueblo judío pronuncia después de haber comido:

Bendito eres Tú, Eterno, Dios nuestro, Soberano del universo, el Dios por cuya bondad nos alimenta, tanto a nosotros como a todo el mundo, con gracia, benevolencia, holgura y misericordia. Él proporciona el pan a todas las criaturas porque Su benevolencia es eterna. Y por Su inmensa bondad nunca nos faltó ni nos faltará jamás el sustento. Pues Él alimenta y sustenta a todos, Su mesa está preparada para todos y Él prepara alimento y sustento para todas las criaturas que creó con Su misericordia y Su inmensa bondad, tal como está escrito: abres Tu mano y satisfaces el deseo de todo ser vivo. Bendito eres Tú, Eterno, que sustenta a todos.

Enseña Rabí Mordejai Tussie:

La primer berajá (bendición) se asemeja a cuando estábamos en el gan Eden (el huerto del Eden); es como un bebé que está en el vientre de su mamá, todo lo que necesitábamos lo teníamos. Pero cuando salimos, Dios dijo: “con el sudor de tu frente comerás pan”. A partir de ahí comienza la lucha del ser humano por sustentarse.

Existen dos comportamientos de Dios con nosotros: providencia divina personal y comunal. A cada uno, le da lo que necesita. La palabra zan (comer), en gematria suma 57, igual que misbeaj (altar) y es por eso que donde comemos se convierte en un altar, donde traemos a Dios a esa bendición. Hay tres palabras que decimos en la primera berajá: jen, jesed y rajaamim.

Jen quiere decir gracia. La mesa es preciosa para poder gozar de colores, olores y sabores.

Jesed, el favor que nos da D-os para tener hambre para comer, y satisfacción cuando nos llenamos.

Rajamim, que es misericordia, se fija en las necesidades de cada persona.

Poteaj et yadeja, quiere decir abre tus manos Boré olam, y llénanos de esa berajá de la abundancia, por eso abrimos nuestras manos recibiendo esa oración que D-os nos quiere dar”.

El hacer las bendiciones por los alimentos sólo acarrea bendiciones. Por eso animo a todos a que participen de esta gran bendición. Les animo a profundizar en el tema de las bendiciones por los alimentos, incluyendo el “birkat hamazón”.

Finalmente les comparto una bella canción sefardita que pueden, si bien les parece, cantar después de los alimentos. (Buscar tono en YouTube)

 

BENDIGAMOS – Canción Sefaradí

 

Bendigamos al Altísimo, Al Señor que nos crió,
Démosle agradecimientos Por los bienes que nos dió.

Alabado sea su Santo Nombre, El que siempre nos apiadó.
Load al Señor que es bueno, Que para siempre Su merced.

Bendigamos al Altísimo, Por su Ley primeramente,
Que liga a nuestra raza Con el cielo continuamente,

Alabado sea su Santo Nombre, El que siempre nos apiadó.
Load al Señor que es bueno, Que para siempre Su merced.


Bendigamos al Altísimo, Por el pan segundamente,
Y todos los manjares Que comimos juntamente.


Pues comimos y bebimos alegremente Su merced nunca nos faltó.
Load al Señor que es bueno, Que para siempre su merced.


Bendita sea la casa esta, El hogar de Su presencia,
Donde guardamos Su fiesta, Con alegría y permanencia.

Alabado sea su Santo Nombre, Porque siempre nos apiadó.
Load al Señor que es bueno, Que para siempre Su merced.


Hodu lAdonai ki tov, ki le olam jasdó
Hodu lAdonai ki tov, ki le olam jasdó

 

Shabat shalom

© 2016 Comunidades Unidas en el Mesías - Messianictorah - Mikdash Meat - Rosh Pina - Koltorah