34 BaMidbar

Parashat Bamidbar

Prof. José Alberto Fuentes

BaMidbar (Números) 1:1-4:20

Haftará: Hoshea (Oseas) 2:1-22

 

Con la ayuda de Hashem comenzamos un nuevo libro, que de inmediato nos da una gran lección…

Habló Hashem a Moisés en el desierto de Sinai. (Números 1:1)

Es muy interesante que la Torá mencione la palabra desierto, y que ésta esté vinculada con el habla de Hashem. ¿Qué cualidad tiene el desierto para oír la voz de Dios?

Primeramente, la palabra midbar, traducida como desierto, tiene su raíz en la palabra daber, que significa hablar. Por lo tanto, Dios condujo al pueblo al desierto con el fin de entrenarlos para oír su voz.

En un desierto prácticamente no hay nada, está vacío, una de las enseñanzas más importantes es que, para oír la voz de Dios debes vaciarte como un desierto, en otras palabras, anularte por completo para oír su voz.

También un desierto es un lugar libre, lo cual nos enseña que cualquiera podía oír la voz de Dios, no hay exclusividades.

Un desierto también es un lugar silencioso, a veces queremos oír la voz de Dios, pero no nos callamos, siempre queremos hablar y hablar, que es parte del ego, es decir no nos hemos convertido en un desierto, mejor calla y en ese silencio escucha la voz de Dios.

Importante mencionar que esta parashá antecede a la festividad de shavout, época de la entrega de la Torá. ¿Quieres recibir la Torá? Hazte un desierto, vacíate como desierto sin dueño, para que entonces la Torá tome lugar en ti.

También a la hora de estudiar Torá debes ser un desierto, de lo contrario no escucharas al expositor, debes despojarte de tus conocimientos, sólo así la palabra podrá penetrar en ti, sea cual sea el expositor. Cuando escuchas a alguien y no te sorprende o crees que eso tú ya lo estudiaste y te sientes muy grande, ten cuidado porque entonces te falta humildad, no estas siendo un desierto, no puedes recibir la Torá.

En un desierto se necesita agua. Es seguro que un viajero en el desierto anhela beber agua. De la misma manera debemos ser un desierto que clama por agua. Esa agua es la voz de Dios. Dijo el salmista:

Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.  Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. (Salmos 42:1-2)

Pero si sientes que tu vaso está lleno, de verdad será muy difícil oír realmente a Dios.

Cuando somos un desierto anulamos el ego. El desierto esta en lugar apartado lo cual nos enseña que no debemos pretender ser centro de atención, es mejor estar apartados, en el sentido de no protagonismo, contrariamente a muchos líderes religiosos que se equivocan al buscar la fama. Cuando eres desierto sólo buscas la gloria de Dios, no la tuya.

Sé humilde. La parashá nos habla de algo bellísimo. Cuando los hijos de Israel son censados y se describen algunas tareas y lugares de ubicación, vemos que hay algunas diferencias, que algunos pudieron reclamar, como por qué los levitas tenían diferentes funciones y ubicación privilegiada en el campamento. O bien, los levitas pudieron quejarse diciendo: ¿por qué nosotros no fuimos contados? O alguien más pudo decir: yo quería estar en la parte norte no en el sur, etc. Nos sorprende que nadie reclamó nada, cosa rara, pero de mucho aprendizaje sobre qué es la humildad. La humildad no es andar con la cabeza agachada, o ser pobre, la humildad es estar cómodo con la porción que se te ha asignado, sea mucho o poco. Por eso dice la Torá:

 

E hicieron los hijos de Israel conforme a todas las cosas que Hashem mandó a Moisés; así acamparon por sus banderas, y así marcharon cada uno por sus familias, según las casas de sus padres. (2:34)

Piensa en algunos líderes importante en la historia bíblica. ¿Cuál fue su preparación para alcanzar niveles espirituales súper elevados? Moshé y David, por ejemplo, que se habla que eran pastores de ovejas. Seguramente tuvieron bastante tiempo de silencio y meditación. Nuestro maestro Yeshúa es otro ejemplo importante, en su preparación para comenzar anunciar el mensaje de redención tuvo que ir al desierto.

Una escritura que nos enseña que el silencio es el mejor momento para oír la voz de Dios es la siguiente:

Y he aquí Hashem que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Hashem; pero Hashem no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Hashem no estaba en el terremoto.  Y tras el terremoto un fuego; pero Hashem no estaba en el fuego. Y tras el fuego una voz apacible y silenciosa.

Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías? (1 Reyes 19:11-13).

Tomando el caso de nuestro Maestro, también vemos que en el desierto la voz del enemigo se manifiesta. Es por eso que en este libro veremos bastantes episodios en donde hay lucha de diálogos y debates (Koraj, Bilam, Balac). Por lo tanto, debes afinar tu oído a través del filtro de la Torá, como lo hizo Yeshúa, para tomar las decisiones correctas, oyendo a Dios y no a los entes malignos.

Otro aspecto importante, es que el desierto también significa un momento difícil en la vida, tiempos de sequía física y espiritual. Pero esto también es para bien, ya que Dios te llevó a ese desierto con la intención de que oigas su voz. De lo contrario nunca lo harías.

Cuando estamos en el desierto, viene la elevación espiritual, por eso dice la Torá:

Habló Hashem a Moisés en el desierto de Sinaí, en el tabernáculo de reunión, en el día primero del mes segundo, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto, diciendo: Tomad el censo de toda la congregación de los hijos de Israel. (Números 1:1-2)

Detrás de la palabra censo, tenemos el hebreo seú et-rosh, que tiene que ver con levantar la cabeza, altura, acenso. Esto significa que cuando uno se convierte en desierto, uno es elevado.

Permite que Dios te hable.

Shabat shalom

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