28 Metzorá

Parashat Tazría / Metsorá

Por Prof. José Alberto Fuentes Orozco


Vayikrá (Levítico): 12:1-15:33

Haftará: 2 Reyes 4:42-5:19


 

Es muy importante saber y tener en cuenta, que la vida de nuestro santo Maestro Yeshúa gira en torno a la Torá; justamente cada episodio de su vida tiene una conexión con los textos de este Libro sagrado como veremos en estas porciones.

En primer lugar, tenemos que ver las credenciales de nuestro Maestro como judío observante, hijo de judíos observantes de la Torá y los mandamientos.

Está escrito en parashá Tazría:

Habla a los hijos de Israel y diles: La mujer cuando conciba y dé a luz varón, será inmunda siete días; conforme a los días de su menstruación será inmunda. Y al octavo día se circuncidará al niño. (Levítico 12:2-3)

En primer lugar, cada vez que una mujer concibe varón, trae al mundo una esperanza, ya que todo bebé potencialmente es un emisario para hacer tikún (reparación) del pecado de Adam harishón (el primero); justo ese tikún comienza cuando el bebé judío es circuncidado al octavo día.

Según el Midrash Adam harishón se volvió incircunciso cuando pecó, quizás esa sea la interpretación espiritual de las palabras de Rabí Shaúl cuando dice:

¿Fue llamado alguno siendo circunciso? Quédese circunciso. (1 Corintios 7:18a)

¿Cómo es que alguien puede pasar de circunciso a incircunciso? Espiritualmente hablando, cuando transgrede los mandamientos de Dios.

Es interesante que la palabra hebrea para bebé sea tinok que tiene las mismas letras de la palabra tikún, de tal modo que la reparación del pecado de Adam harishón comienza cuando el bebé es circuncidado al octavo día. El bebé, al ser circuncidado rompe con la naturaleza que dicta que el bebé debe tener prepucio; esa es la razón también de que la circuncisión se realice en el octavo día, ya que el número ocho representa lo sobrenatural, además de indicar un nuevo comienzo.

Se documenta sobre nuestro Maestro Yeshúa el Mashíaj:

Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Yeshúa, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido. (Lucas 2:21)

Es interesante resaltar algunos puntos, primeramente, nos damos cuenta con esta evidencia de que Yosef y Miriam, padres de Yeshúa, andaban conforme a los mandamientos de Dios, es decir Yeshúa creció en un ambiente de judíos piadosos observantes de la Torá de Moisés. También observamos que seguían la costumbre rabínica de anunciar el nombre el día de la circuncisión.

Y si dijimos que el proceso de reparación del pecado de Adam harishón comienza con la circuncisión, se espera que el Mashíaj pase obligatoriamente por ese proceso, pues se dijo de él:

Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Mashíaj el Señor. (Lucas 2:11)

Es importante saber que el proceso de redención comienza con la aplicación de los mandamientos por parte de Mesías, de no ser así, no sería tan valioso para sus estudiantes haber registrado este episodio.

Continuando con el proceso de reparación, la Torá nos dice:

Mas ella permanecerá treinta y tres días purificándose de su sangre; ninguna cosa santa tocará, ni vendrá al santuario, hasta cuando sean cumplidos los días de su purificación.

Y si diere a luz hija, será inmunda dos semanas, conforme a su separación, y sesenta y seis días estará purificándose de su sangre. Cuando los días de su purificación fueren cumplidos, por hijo o por hija, traerá un cordero de un año para holocausto, y un palomino o una tórtola para expiación, a la puerta del tabernáculo de reunión, al sacerdote; y él los ofrecerá delante de Hashem, y hará expiación por ella, y será limpia del flujo de su sangre. Esta es la ley para la que diere a luz hijo o hija. Y si no tiene lo suficiente para un cordero, tomará entonces dos tórtolas o dos palominos, uno para holocausto y otro para expiación; y el sacerdote hará expiación por ella, y será limpia. (Levítico 12:4-8)

Aquí nuevamente confirmamos que la madre de Yeshúa guardaba los mandamientos de la Torá, como veremos. Los judíos cercanos a Yeshúa nunca estuvieron peleados con la ley de Moisés, como muchos erróneamente piensan, inclusive vemos como se presentaban en el Templo para ofrecer los sacrificios correspondientes según la Torá.

Antes de ver los testigos textuales de esto, quiero hacer un pequeño paréntesis para mencionar el porqué de los días de la purificación cuando se tenía a una niña eran más prolongados, prácticamente el doble de días. La razón que dan los sabios es porque potencialmente la niña también podrá concebir, ya que ella también es un contenedor, por ello el doble de tiempo.

Ahora sí, veamos los textos que hablan de este proceso de purificación que llevó acabó la madre del Mashíaj, adicionalmente el rescate del primogénito, otro precepto de la Torá.

Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor, y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas, o dos palominos. (Lucas 2:22-24)

Para que la palabra profética viniera, ellos tenían que cumplir en primer lugar los mandamientos. Esta es una gran lección; cuando primero se cumplen los mandamientos, se crea una vasija, en la cual el fluido Divino, manifestado en palabra profética, puede reposar. Y la idea no sólo es oír la profecía, sino que se cumpla. Esta se cumple cuando se ha creado ese recipiente por la observancia de los mandamientos.   

Por eso inmediatamente está escrito:

He aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor.  Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Yeshúa lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; Porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; Luz para revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel. Y José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él.  Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha (y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.  Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén. (Lucas 2:25-38)

Notemos como también estos dos personajes Simeón y Ana eran judíos muy piadosos, pues su simple presencia en el Templo habla de ello, además de lo que el escritor expresa de ellos, no es de sorprenderse que sean usados como instrumentos para que la palabra profética saliera de sus bocas.

 

Ahora bien, pasando a la parashat Metsorá, que habla de aquella persona que sufre la enfermedad espiritual erróneamente conocida como “lepra”. Podemos ver como, siendo un tema muy importante en la Torá, la vida del Mesías presenta también una relación con estos textos.

Recordemos que esta enfermedad espiritual, según los sabios, era en primer lugar por el pecado de lashón hará – lengua maligna.  Esto lo aprendemos del mismo Moshé que hablaba negativamente de los hijos de Israel cuando Hashem le estaba dando la instrucción de liberar a su pueblo de Egipto. Prueba de ello es la mano “leprosa”. Además de eso, la palabra metsorá (el que tiene la “lepra”) se puede leer como motsí ra, que significa sacar mal, precisamente en alusión a que sale el mal de la boca, por ello el castigo Divino.

Justamente el Mesías tuvo que combatir contra el pecado del lashón hará en este proceso de rectificación. ¿Cómo lo hizo? En primer lugar, obrando a favor de aquellos que vivían bajo el azote de esta enfermedad espiritual, mostrando con esto sus credenciales como Mesías. 

Cuando descendió Yeshúa del monte, le seguía mucha gente. Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.  Yeshúa extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. Entonces Yeshúa le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos. (Mateo 8:1-4)

En este texto vemos como el Mesías limpia de esta enfermedad espiritual al metsorá. Esta sin duda es una señal del Mesías que viene a eliminar la raíz del pecado. Si analizas varios episodios de la Torá, descubrirás que la raíz del mal es justamente la maledicencia, ejemplo de ello la serpiente en el jardín. Por eso enseñan los sabios que el Creador marcó a la serpiente con dos señales físicas por su discurso difamatorio. Cubrió su cuerpo con manchas blancas que se asemejan a tsarat (“lepra”), y le partió su lengua, y exclamó "¡Rashá (malvada), al ver tu lengua partida los seres humanos van a recordar que tú has sido la primera en hablar lashón hará!"

Más allá del milagro, el mensaje es: el tiempo de pisar a la serpiente ha llegado, es decir, la influencia del pecado en el ser humano será erradicada desde el mismo interior del Mesías, beneficiando con esto a toda la humanidad, de ahí la manifestación de ello en el plano físico.

Otra cosa que me parece que hay que destacar es que para el Mesías era sumamente importante que se cumpliera con la Torá de Moisés, por eso lo mando a seguir el proceso de purificación que estaba a cargo de los sacerdotes.

Finalmente recordemos las palabras de los sabios de la antigüedad.

El Mashíaj, ¿Cuál es su nombre? se llama Shiló, afirmaron en la escuela de rabí Shilá, porque dice lo escrito hasta que venga Shiló, (Génesis 49:10). Se llama Yinón explicaron en la escuela del rabí Yanái, porque dice lo escrito: Su nombre será para siempre, ante el sol será propagado (Yinón) su nombre, (Salmos 72:17). Se llama Janiná, expresaron en la escuela del rabí Janiná, porque dice lo escrito: porque no os mostraré clemencia (Janiná), (Jeremías 16:13). Otros dicen se llamará Menajem ben Jizkiyá, porque dice lo escrito: se alejó de mí el consolador (menajem) que daría reposo a mi alma, (Lamentaciones 1:16). Dijeron los rabinos: Se llama el leproso de la casa de estudio, porque dice lo escrito: ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Elohim y abatido… (Isaías  53:4). (Sanedrín 98b (Énfasis añadido))

Recordemos que la escritura de Isaías 53 que es tomada por los sabios en referencia al Mesías leproso (Metsorá), habla justamente de los padecimientos del Mesías, y algo muy importante, se menciona que él no abrió la boca, aceptando los sufrimientos en favor de la humanidad, reparando con esto el pecado que hizo que originalmente el hombre pecara.

Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. (Isaías 53: 7-9.)

Recuerda, el Mesías es parte de la Torá, por lo tanto, cada vez que estudies las porciones semanales, no olvides de buscar a ese Mesías que tomó tu lugar para purificarte de todo tipo de enfermedad espiritual. Cuando lo encuentres entonces activaras el poder de la restauración.

Shabat shalom

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