08 VaYishlaj

Parashat VaYishlaj

Por Prof. José Alberto Fuentes

BeReshit (Génesis) 32:3-36:43

Haftará: Ovadiá (Abdías) 1:1-21

 

¿Cómo debe un creyente en el Dios de Israel acercarse al conocimiento de la dimensión interna de la Torá? Esta es una pregunta que nuestra generación pareciera ignorar…

La historia atestigua casos tristes en los que las personas en su afán de conocer los secretos del cielo, usan cualquier medio y método para lograrlo, así estos sean impuros; arrastrados por la ignorancia y la comezón por oír cosas nuevas o supra espirituales han caído en herejía e incluso en la demencia.

Dijimos en porciones anteriores que la Torá de HaShem es un concepto ilimitado, por lo tanto, al estudiar la Torá que conecta con esa dimensión ilimitada se debe tener un proceso de estudio adecuado para no correr el riesgo de salir dañado.

Hoy día hay un despertar espiritual hacia la Torá, y particularmente hacia el estudio de la dimensión interna de la Torá, conocida también como la cabalá; los creyentes inmaduros corren tras estas enseñanzas sin antes tener una base sólida en la Torá escrita, sin haber trabajado con las mitsvot que les corresponden, y sin haber trabajado con sus rasgos de carácter.

Por lo tanto, nos preguntamos, ¿En qué momento un pequeño que lactaba pasó a comer todo tipo de carnes que dañarán su organismo?

Quiero aclarar que, aunque en estudios anteriores hemos hablado algunas cosas de la dimensión interna de la Torá, lo hemos hecho con responsabilidad, buscando ante todo el apego con el dador de la Torá, y el crecimiento espiritual de los creyentes en el único Dios verdadero y su Mesías. Por lo tanto, no hay contradicción alguna entre lo que he enseñado y lo que ahora les compartiré con la ayuda de Dios.

La parashá de esta semana justamente nos enseña cómo ir avanzando en nuestra vida espiritual sin correr riesgos innecesarios. Está escrito:

Génesis 33:12-14

Y dijo: Anda, y vamos; y yo iré delante de ti. Y él le dijo: Mi señor sabe que los niños son tiernos, y que tengo ovejas y vacas paridas; y si las fatigan, en un día morirán todas las ovejas. Pase ahora mi señor delante de su siervo, y yo me iré poco a poco al paso del ganado que va delante de mí, y al paso de los niños, hasta que llegue a mi señor a Seir.

Justamente, este texto de la Torá me animó a compartir la importancia de caminar según nuestra madurez, sin correr, sin poner en riego nuestra vida espiritual.

El estudio de la Tora requiere que avancemos lentamente, el Pirkei Avot dice:

A los 5 años comienza el estudio de la Torá, a los diez años el estudio de la Mishná, y a los trece el cumplimiento de los preceptos.

¿Y en dónde quedó el estudio de los secretos del cielo, el estudio de cabalá? ¿Por qué los sabios no lo mencionan? Porque no es necesario para un pequeño en la fe.  ¿Cuánto tiempo llevamos en este camino de retorno a las raíces hebreas de la fe? ¿Ya pasaste la etapa de los 5 años de estudio de Torá? ¿Estás listo para cumplir con la ley?  Si no es así, ¿por qué corres en busca de algo que te rebasa? ¿Sólo porque es la moda estudiar cabalá? No amados, todo tiene un proceso, las Escrituras nos hablan de un tiempo para todo.

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora:

Tiempo de nacer y tiempo de morir, tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado, tiempo de matar y tiempo de curar, tiempo de destruir y tiempo de edificar, tiempo de llorar y tiempo de reír, tiempo de hacer duelo y tiempo de bailar, tiempo de esparcir piedras y tiempo de juntarlas, tiempo de abrazar y tiempo de abstenerse de abrazar, tiempo de buscar y tiempo de perder, tiempo de guardar y tiempo de tirar,  tiempo de rasgar y tiempo de coser, tiempo de callar y tiempo de hablar, tiempo de amar y tiempo de aborrecer, tiempo de guerra, y tiempo de paz.

¿Qué provecho obtiene el que trabaja de aquello en que se afana? He visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.  Todo lo hizo hermoso en su tiempo, y ha puesto eternidad en el corazón del hombre, sin que este alcance a comprender la obra hecha por Dios desde el principio hasta el fin. (Eclesiastés 1:1-9)

Así pues, hermanos, tenemos que avanzar poco apoco, usemos la inteligencia del patriarca Yaacov. No hay porqué correr.

 

Creando un canal

Ahora bien, ¿quieres estudiar los secretos de la Torá? Presta atención a lo siguiente.

Leer o adquirir un artículo o libro sobre cabalá es muy fácil, pero hay que decir algo; los secretos y la profundidad de la Tora, han sido dados a aquellos individuos que conectaron proféticamente con la Torá de HaShem, para ello tuvieron que prepararse, tuvieron que crear un canal para recibir los misterios de Dios, esto no fue de la noche a la mañana.

Los sabios enseñan, que todo ser humano tiene la posibilidad de recibir una emanación divina. En un mensaje divino, un código, un presentimiento, una sensación que no viene de nuestro interior, sino que viene de arriba. Esa emanación que eventualmente podemos recibir, tiene tres formas de ponerse de manifiesto. Eso va a depender de la capacidad intelectual y de la capacidad ética de quien la va a recibir.

La emanación divina es como una revelación de Dios hacia el ser humano (hombre o mujer); si el ser humano está preparado intelectual y éticamente en un 100%, esa emanación divina se convierte en profecía. Los profetas justamente recibían la emanación divina y podían comprenderla en su totalidad, porque su preparación era la adecuada. Es como volcar en su totalidad agua limpia en una fuente limpia. El agua queda tal cual como se recibió.

Escribe el Rambam zl en Mishné Torá:

La profecía sólo llega a alguien que es muy sabio, alguien que tiene control sobre sus rasgos de carácter y quien no es controlado por su inclinación (al mal) sino que él intencionalmente la domina en todo momento; y alguien que tiene muchos conocimientos. (Hiljot Yesodei HaTorá 7:1)

¿Y cómo sabemos que la cabalá está ligada a la sabiduría y la profecía?

La palabra cabalá tiene el valor numérico de 137. Este valor es la suma de dos palabras muy importantes: Sabiduría – en hebreo jojmá – que vale 73 y profecía – nevuá – que vale 64. La cabalá puede ser entendida entonces como la unión o el matrimonio de ambos conceptos.

Con respecto a la sabiduría el Tanaj nos enseña:

                El principio de la sabiduría es el temor a Hashem (Proverbios 1:7)

Por su parte el Talmud habla de un proceso para alcanzar la profecía:

Rabi Pinjas ben Iair dijo: “La Torá lleva a la prudencia, la prudencia lleva al entusiasmo, el entusiasmo lleva a la limpieza, la limpieza lleva a la separación, la separación lleva a la pureza, la pureza lleva a la rectitud, la rectitud lleva a la modestia, la modestia lleva al temor del pecado, el temor del pecado lleva a la santidad, la santidad lleva a la inspiración divina (profecía) y la Inspiración divina lleva a la resurrección de los muertos”. (Avodá Zará 20b, énfasis añadido)

El Rab Jaim de Volozhin, también comenta sobre la necesidad de cumplir las mitsvot de manera adecuada para que la Presencia divina pueda posarse sobre una persona.

Cuando una persona cumple las mitsvot a la perfección, teniendo en cuenta cada detalle y cada matiz esencial al acto, agregando a esto pureza y santidad de los pensamientos… la Gloria de D’os siempre se posará sobre ella. (Nefesh Hajaim 1:6)

¿Cómo lograron los sabios de Israel bajar todos los conceptos y estudios que nos sorprenden?  ¿De la noche a la mañana? No, absolutamente no, se prepararon hasta llegar a ser vasijas limpias, listas para recibir la influencia divina.

Cuando leí la biografía de uno de los más grandes mecubalim (cabalistas), el Arizal, quedé sorprendido de todo el sacrificio que tuvo que realizar, y todo el largo camino espiritual que le llevó después de muchos años a conectar con la Torá celestial, pero no se precipitó.

Cuanto más se sumergía en los escritos de la cabalá, más comprendía sus enseñanzas y más necesario consideraba purificarse para mejorar. Decidió cortar todo contacto con las vanidades de este mundo y con todas sus preocupaciones… Tras siete años de reclusión, todavía no estaba el Arizal satisfecho. Quería incrementar aún más su santidad hasta llegar al nivel de Ruaj Hakodesh. (Rabenu HaArizal pág. 51)

Comentan los sabios, que si en cambio, en la persona que recibe la emanación divina, la preparación intelectual para la misma, no era adecuada, ya no era profecía. A su vez, si estaba preparada intelectualmente pero no éticamente, esa persona recibía la emanación y ésta se transformaba en sabiduría, pero no en profecía. Y cuando la emanación llegaba a una persona que no estaba preparada ni intelectual ni éticamente, dicha persona interpretaba la misma como brujería (la falsa kabalá), y aquí comienzan los problemas. Es decir, que esa persona tiene una sensación particular. El ejemplo típico es el del hombre que sentía una revelación de Dios acerca del sistema de las lluvias. Lo que llegaba a su mente no era ni comprendido ni bien interpretado. Entonces creía que tuvo un presentimiento, que para hacer que caigan lluvias había que efectuar determinados pasos.

Los profetas judíos se expresaban con metáforas y alegorías; por ejemplo, cuando Jeremías habla de la caída de las estrellas, está aludiendo a la caída de las naciones que estaban hostigando al pueblo de Israel. Quien no estaba preparado para recibir la influencia divina tergiversaba y desvirtuaba esta emanación divina. No sabía que venía de D's. Y realizaba todo un código de normas en función de su incapacidad intelectual y ética.

Podemos entender la importancia de crear un canal adecuado para recibir la influencia divina de la mejor manera, sin alteraciones. Esto nos lleva pues a realizar un análisis sobre los requisitos necesarios para el estudio de los secretos de la Torá, conocimiento necesario para la edificación de dicho canal.

Debemos recordar o saber que la cabalá está íntimamente ligada a la Torá, y es precisamente el primer peligro que encontramos hoy día; estudiar cabalá sin el conocimiento de la Torá revelada (peshat) y sin observancia de las mitsvot.

Hay personas que se equivocan completamente y a pesar de no saber nada sobre las Escrituras, la Mishná o el Talmud, de todas maneras, se involucran en el estudio de esta disciplina (es decir, la cabalá). (Ramak, Or Neerav)

Dice el Gaón de Vilna que es inútil estudiar cabalá sin saber y sin cumplir la Torá revelada. Comentario sobre Mishlé 21:17:

Alguien que desea dedicarse a algo que se encuentra por encima de su nivel, es decir, que desea estudiar cabalá sin cumplir y sin estudiar las leyes, no se volverá rico [una metáfora del éxito], porque la persona rica es aquella que está satisfecha con su parte y no busca llegar a niveles más elevados antes de satisfacer su estómago con pan [una metáfora en relación a las leyes de la Torá revelada], que es lo que satisface a la persona. Es imposible llegar a comprender los secretos de la Torá sin esto, y por lo tanto no será rico, porque no poseerá nada.

No sólo que es un intento inútil estudiar la dimensión oculta de la Torá antes de llegar a comprender la Torá revelada, sino que también es peligroso intentarlo, porque uno puede llegar a conclusiones incorrectas y engañosas, lo cual convierte al estudio de la cabalá en una fuente de confusión antes que de claridad como lo vimos anteriormente.

El Rab Yejezkel Sarna, escribe de manera directa y clara lo siguiente en Daliot Yejezkel, Volumen I, página 399:

Hasta que la persona no haya logrado un nivel intelectual excepcional y gran elevación, no tiene derecho a ingresar por las puertas de la Torá oculta. De hecho, esto puede resultar peligroso para tal persona, porque probablemente no entenderá correctamente al tratar de alcanzar aquello que está por encima de su nivel, y el beneficio [que obtendrá del estudio] será superado por la pérdida que sufrirá… La cabalá es para aquellos individuos singulares que han logrado un dominio sobre la Torá revelada y quienes, al haberlo hecho, ya han logrado entender mucho de la Torá oculta, por lo cual ya no existe peligro de que lleguen a confundirse al entrar directamente por sus puertas. Solamente ellos pueden ingresar al Huerto y ver todos los mundos revelados en su verdadera esencia.

Es necesario saber que uno de los fundamentos básicos de la cabalá es que todo el ámbito físico es un paralelo de la dimensión espiritual. De hecho, uno de los significados de la palabra cabalá es “paralelismo” o “correspondencia”. Es por eso que hay un antiguo dicho cabalista que dice: “Como es arriba, así es abajo; como abajo, así es arriba”. De esto aprendemos que, así como comenzamos nuestra educación de niños aprendiendo cosas básicas y con el paso de los años vamos subiendo de grado hasta llegar a la educación superior y convertirnos en profesionales y especialistas. De la misma manera no podemos adentrarnos a los secretos de la Torá, al nivel más elevado de estudio que existe, sin antes conocer y entender lo básico, como dice la parashá: “Y yo me iré poco a poco al paso del ganado que va delante de mí, y al paso de los niños”.

Por eso está escrito en la Mishna, Jaguigá 11b:  

No se deben enseñar los aspectos ocultos de la Torá… a menos que el estudiante sea una persona sabía que pueda comprender lo que se le está enseñando.

Parece que es una exageración, pero yo les invito a meditar sobre esto, y les pregunto: ¿Ustedes pondrían el bisturí del cirujano en manos de un niño?, ¿le darían el mando de controles de un avión a cualquier persona?

Por eso los judíos ashkenazim son de la respetada idea que una persona no puede estudiar cabalá antes de los 40 años. En su opinión, a esa edad el alma humana logra la madurez espiritual. La palabra hebrea neshamá, alma, confirma esto: las letras que componen la palabra también conforman las palabras mem shaná, es decir, cuarenta años. (Alexandre Safran, La Sabiduría de la Kabalá).

Pienso en esto y recuerdo una reciente anécdota en el consultorio médico que quiero compartirles. Mi esposa le preguntó al pediatra que, si mi hija de un año tres meses podía aprender a hacer del baño en el W.C., a lo que el pediatra le contestó: enséñele está en su derecho pero no va a aprender, es muy pequeña, motrizmente no se ha desarrollado como para que ordene a la vejiga a contener la pipi, y agregó, es como si le quisiera enseñar a sumar y multiplicar, usted puede hacerlo pero le aseguro que no es el tiempo. 

Estamos hablando de procesos y sabiduría humana, ahora piensa en la sabiduría divina, por eso el Gaon de Vilna decía: “Donde termina la filosofía comienza la cabalá”

Ahora bien, hablando de las mitsvot, hay que recordar que el pueblo de Israel recibió la Torá en el monte Sinai sobre la base de su declaración “naasé venishmá” (Éxodo 24:7), que significa “Haremos y luego escucharemos” (entenderemos sus explicaciones). El hacer (naasé) crea los recipientes o conductos, mientras que entender (nishmá) trae la luz o la influencia divina dentro de los recipientes. Es importante entender que el propósito definitivo por el cual Dios creó el mundo fue la formación de los recipientes, viviendo una vida buena emulando a Dios, la esencia de la Torá con sus 613 mitsvot para Israel y las 7 mitsvot para toda la humanidad. (Rav Iztjak Ginsburgh)

El Rav Amram Anidjar en su introducción a Yalkut Yosef (libro de halajá) dice que la mitsvá del tefilín nos ayuda entender la frase “naasé ve nishmá”. Primeramente, el tefilín se pone en la mano, para simbolizar que primero hay que actuar (naasé). Después se pone en la cabeza, cuyo mensaje es que después de actuar debemos estudiar para comprender lo llevado a cabo.

De aquí confirmamos, primero el recipiente y después la luz. Para acumular el agua que cae del cielo ¿qué necesitas?, un recipiente, de lo contario no podrás recibir (cabalá) nada.

El Rav Iztjak Ginsburgh también dice que el intento de tener experiencias místicas e incluso proféticas sin crear los recipientes adecuados que los contengan es peligroso porque es como crear “un alma sin cuerpo”. La mayoría de las veces estas mismas vivencias son simple ilusión, y no existe en realidad más que la imaginación de la persona trabajando. Pero si se vuelven reales entonces en esencia son equivalentes a la muerte, porque eso es esencialmente “un alma sin cuerpo”. La importancia de crear recipientes se compara con la importancia que tiene la Torá en la vida. En este sentido, los mandamientos de la Torá “dan vida” (Lev.18:5), o sea, hacen posible la vida al crear recipientes en donde entre el alma.

La Torá nos cuenta acerca de grandes almas, como los hijos mayores de Aharon el cohén Gadol, Nadav y Avihu, que estaban inmersos plenamente en los más profundos misterios de lo divino, pero, como no cumplieron un mandamiento de Dios, perecieron mientras servían en el tabernáculo (Levítico 10). En cabalá, su error es descrito como “correr” hacia Dios de manera demasiado entusiasta, sin el ancla provista por el cumplimiento apropiado de los mandamientos que permite a la persona permanecer “con los pies en la tierra”, incluso al trascender los más elevados niveles de espiritualidad. Esta es la esencia del primer peligro: sin estar afirmados apropiadamente en la tierra a través del cumplimiento de las mitsvot, la persona puede perder fácilmente contacto con la realidad. Recordemos que vivimos en el mundo de la acción.

De hecho, la palabra mitsvá tiene que ver con conexión, mitsvá se relaciona con la palabra aramea tsavta, que significa conectar o unirse. Tsavta puede significar “compañerismo” o “apego personal” En este sentido, la mitsvá ata a la persona que recibe la orden con Aquel que le da la orden, creando una relación y un lazo esencial. De aquí aprendemos que la manera de crear el conducto o la conexión para recibir la influencia divina es a través de las mitsvot.

Si recordamos el dicho cabalista que dice: “Como es arriba, así es abajo; como abajo, así es arriba” podemos reflexionar en la siguiente analogía:

Imaginemos a un rabino que tiene amplios conocimientos de Torá revelada y oculta, él está en su casa, sentado esperando la hora para ir a dar clase a la yeshivá. Y por otro lado imaginemos a un talmid, que estudia en la yeshivá, que también está en su casa, sentado esperando la hora para ir a tomar la clase.

Ya que tenemos la imagen del rabino y el talmid, hagámonos las siguientes preguntas: ¿qué tiene que hacer el rabino para llegar a la yeshivá que está a 500 metros de su casa y dar la clase? Y ¿qué tiene que hacer el talmid para llegar a la yeshivá que está a 500 metros de su casa para tomar la clase?

La respuesta es muy sencilla, necesitan pararse, salir de su casa y caminar hacia la yeshivá, simple, tienen que caminar.

Lo mismo pasa en el cielo, para que un malaj o un alma de un tsadik vengan a revelar secretos de la Torá (cabalá) al mundo físico a un ser humano, ambos (alma del tsadik y talmid) deben caminar para encontrarse. De aquí entendemos por qué está escrito en la Torá “andando por el camino”. (Deuteronomio 6:7)

Cada vez que tú caminas, accionas el mundo celestial para que caminen los malajim o las almas de los tsadikim para revelarte los secretos de la Torá. Recuerdas cuando nuestro santo Maestro llevo a tres de sus talmidim de camino a una montaña alta, ¿quién se les reveló? Las almas de dos tsadikim, Moshé Rabenu y Eliyahu Hanaví (Mateo 17:1-3). Recuerdas la famosa historia del camino a Emaús, como dos talmidim al ir analizando la muerte de Yeshúa, se les reveló el Mashíaj resucitado y les abrió el entendimiento para que comprendieran las sagradas Escrituras (Lucas 24:13-32).

Ahora viene lo mejor, no se trata de que salgas con tu libro de la Torá y camines horas y horas esperando que se revele la sabiduría del cielo, no es así de simple. Caminar se refiere al cumplimiento de las leyes como un estilo de vida. La palabra halajá proviene del hebreo “halijá” que significa “caminata”. Por eso a las derivaciones o ramificaciones que detallan las mitsvot se les llama halajá, y es precisamente la halajá la forma en que uno debe caminar y conducirse en la vida para que activemos la caminata celestial y recibamos de manera profética los secretos de la Torá.

Veamos ahora más opiniones de los jajamim.

El Radak comentando el Salmo 25:14 dice:

El secreto de Dios es revelado solamente a los que le temen; y a ellos Él les revela Su pacto.

También dice:

Dios solamente revelará [los secretos de la Torá] a quienes tienen temor divino. Si una persona está inmersa en la búsqueda de la sabiduría, pero no tiene temor a Dios y no cumple completamente con Sus mandamientos, entonces Dios no le revelará Sus secretos.

Mishnat De Rabí Aharón, Volumen I, página 81:

Parece claro que el concepto de la Torá entrando para iluminar a una persona y permitirle apegarse a su existencia, se refiere específicamente a alguien que estudia la Torá para poder cumplir con sus preceptos, porque éste es el marco de la Torá. A través del estudio la persona tiene el mérito de apegarse a la esencia misma de la Torá. 

Sin embargo, sin este enfoque de integrar y poner en práctica aquello que se estudia, si alguien estudia Torá como podría estudiar cualquier tema académico, entonces la Torá no influye sobre esa persona ni la ilumina, y se lo considera simplemente como información. Cuando la Torá es estudiada dentro del marco adecuado, la sabiduría ingresa a la persona en contraste con lo que ocurre cuando no se la estudia de esta manera. Por lo tanto, cuando alguien estudia la Torá de forma académica, carece del marco esencial para poder entenderla verdaderamente y pierde la capacidad de desarrollarse como ser humano. Esto es algo claro para cualquiera que investiga y entiende de estos temas.

Este es otro síntoma negativo de nuestra generación, estudiar sólo con fines intelectuales, para ver quién sabe más de la Torá.

Rab Shmuel Wosner de Bené Brak, Shevet HaLevi, Volumen VII, página 2:

Con respecto a su pregunta sobre el estudio de obras cabalísticas, usted escribe que siente una inmensa alegría, así como un fortalecimiento de su fe cuando estudia estas obras, y me pregunta en qué medida y cuándo es apropiado este estudio.

Debe saber que incluso en las generaciones anteriores – incluso dos generaciones atrás – se decía que las personas no eran capaces de seguir este objetivo sagrado debido a los obstáculos espirituales que han provocado que el mundo se vuelva excesivamente materialista. Entonces, ¡qué podemos decir en nuestra generación, cuando nuestras mentes están tan desestabilizadas! De hecho, todo lo que vemos ante nuestros ojos es lo opuesto a las condiciones necesarias para poder estudiar la cabalá.  

Pero a pesar de esto, de vez en cuando uno se encuentra calmo, fresco y alegre, y su corazón arde de puro temor a Dios, y la persona ya ha invertido sus energías principalmente en el estudio de las partes reveladas de la Torá, tales como el Talmud y el Shulján Aruj… ¡porque ellas son nuestra propia vida! Y sus manos, casi automáticamente, se extienden a buscar uno de estos libros para estudiarlo. Es casi como si nuestra misma alma nos estuviera enviando un mensaje: “¡Ahora es el momento!” Pero esto debe ocurrir solamente de manera ocasional…  y debe servir como una fuente de verdadera fe y un sentimiento de verdad. Pero no debe seguirse el ejemplo de aquellos que constantemente se dedican a este estudio incluso cuando no se encuentran en este nivel de pureza. ¡Porque pobres de aquellos que se comportan de esta manera en nuestros días y pobres sus almas!  Y la experiencia da demasiados testimonios respecto a esta verdad.

Otra cosa a tener en cuenta es el maestro que eliges, incluso el estudio avanzado de la Torá revelada junto a un intelecto agudo no es suficiente para preparar a una persona para el estudio de la cabalá. Éste no es un tema que pueda estudiarse de manera independiente; la cabalá requiere un maestro calificado que posea todos los atributos que hemos analizado.

Enseña el Rav Ginberg,

¿Por qué no se puede estudiar cabalá sin un maestro calificado? ¿Por qué debe ser diferente que estudiar cualquier otra parte de la Torá? Si una persona intenta estudiar cabalá sin la preparación necesaria, puede llegar a conclusiones erróneas e incluso peligrosas. ¿Acaso una persona debe recorrer una tierra extraña y peligrosa sin un guía calificado? Puesto que la cabalá no es un estudio “académico”, el maestro debe guiar a su alumno a incrementar su observancia de la Torá. Para poder entender y asimilar adecuadamente la cabalá, la persona debe aprender de un maestro, apegándose de esta manera a la cadena de transmisión de esta sección de la Torá que se remonta en el tiempo a través de los siglos.

El Rambán (Siglo XIII), en su introducción al comentario sobre la Torá dice:

Por lo tanto, comprometo al lector en un pacto en el cual él acepta no filosofar ni crear hipótesis sobre cualquier cosa que yo haya escrito y que se refiera a los secretos de la Torá. Debemos saber que nada de esto puede ser comprendido sin haber recibido la tradición oral por parte de un maestro sabio. Ofrecer explicaciones lógicas en estos temas es simplemente una tontería y es dañino y contraproducente… Alguien que no puede acceder a esta tradición, debe restringirse a aquellas partes de mi comentario que se refieren a los aspectos revelados de la Torá, tomando de ellos las lecciones éticas constructivas de nuestros sagrados sabios. No busques aquello que sea mayor que tus posibilidades; no investigues aquello que sea más poderoso que ti, no preguntes aquello que te esté oculto. Medita sobre aquello que te han enseñado, porque no tienes nada que hacer con los temas ocultos.

La necesidad de la presencia de un maestro que transmita las ideas de la cabalá es una parte tan fundamental para su estudio, que el mismo nombre cabalá alude a ello.

La palabra cabalá viene de la raíz lecabel, recibir. En verdad, toda la Torá es algo que se recibe a través de una cadena de transmisión que se remonta hasta Moshé Rabenu. Entonces, ¿por qué específicamente nos referimos a la cabalá de esta manera? El resto de la Torá tiene elementos que una persona puede llegar a comprender por sí misma, a partir de la observación, etc. Pero la ciencia de la cabalá es algo que solamente puede derivar de la tradición y de la transmisión. No es posible que una persona llegue a entender la cabalá por sí misma.

Así que deja de ver videos de todo tipo de maestros de “cabalá” en la web o leer cualquier tipo de información de quien sabe qué maestro. 

Además, el término cabalá se refiere al acto de recibir, porque la única manera de entender cabalá es siendo receptivo a las ideas espirituales. Una persona cuya percepción del mundo está limitada a términos materiales, no será capaz de absorber efectivamente los conceptos de la cabalá. (Mordejai Becher, Introducción a la cabalá)

Finalizamos con la historia clásica de los cuatro hombres que entraron al Huerto – PaRDeS.

Jaguigá 14b:

Cuatro Sabios entraron al “Huerto” (una referencia a los secretos más místicos y elevados de la Torá). Ellos fueron: Ben Azai, Ben Zomá, “el otro” (una referencia a una personalidad de la Torá que se alejó del camino) y Rabi Akiva. Ben Azai miró y murió. Ben Zomá miró y enloqueció. “El otro” miró y cortó los brotes (es decir, se volvió hereje). Solamente Rabi Akiva logró salir completo y en paz.

Maharshá, Jidushei Agadot, explica:

“Ben Azai miró y murió”. Su alma se apegó con tanto amor a las entidades espirituales que abandonó a su cuerpo… para no regresar. Éste es un nivel elevado.  

“Ben Zomá miró y enloqueció”. Él no estaba suficientemente preparado ni tenía tanta calma mental como Ben Azai, por eso al mirar bajo una luz más clara que lo que su mente podía soportar, todo se volvió confuso en su mente y quedó tan confundido como una persona herida que no entiende las cosas con claridad…

Elisha ben Abuia, “el otro”, pensó que existían dos poderes [el bien y el mal], y por eso dice que “cortó los brotes”, es decir que dividió cosas que en verdad están unificadas.

Rabi Akiva logró la perfección en muchas áreas diferentes, y cuando llegó al punto más elevado al cual puede llegar el intelecto humano, se detuvo, preservando de esta manera su vida.

Algunos estudiosos han relacionado el PaRDeS con los cuatro ríos que aparecen en el libro de Bereshit capítulo 2:10, que salen del jardín del Edén.

El primero, Ben Azai, entró en el rio Pisón. Esta palabra deriva de una raíz que significa “desbordar”. La enormidad del secreto al que tuvo acceso lo desbordó.

El segundo, Ben Zomá, entró a Guijon, de una raíz que significa “precipitarse” o “abrirse paso”. Se precipitó en unas profundidades para las cuales no estaba preparado.

El tercero, denominado “el otro” entró en el río Jidekel, palabra que se interpreta como compuesta de jad y de kal que es “fino y ágil” y que indicaría la finura y la agilidad de la interpretación talmúdica, derashá. Incluso él, que había accedido a unas profundidades prohibidas al resto de los mortales, no pudo soportar la visión paradisiaca.

El cuarto, Rabí Akiva entró en el río Éufrates, palabra que procede de la raíz que significa “crecer, multiplicarse, y fructificar”.

Los primeros tres sólo lograron penetrar en sentidos exteriores de la Torá o lo hicieron de un modo exterior, profano, inadecuado: sólo Rabí Akiva logró ir hasta el fondo, hasta el interior del paraíso que es la Torá de HaShem.

A partir de estas fuentes, queda claro que el estudio de los secretos de la Torá no es algo que puede tomarse a la ligera. Para poder acercarse a su cuerpo de conocimientos, la persona debe alcanzar cierto nivel de perfección, de madurez. Si una persona intenta estudiar cabalá sin la preparación necesaria, puede llegar a conclusiones erróneas e incluso peligrosas como hemos visto.

 

Por supuesto que hay cosas muy buenas y básicas de los secretos de la Torá que podemos compartir con responsabilidad, pero no echemos en saco roto lo que hemos mencionado.

Escuchemos las palabras sabias del patriarca Yaacov, no hay porqué precipitarse.

Espero que esta recopilación de enseñanzas y consejos nos ayuden a caminar por el buen camino.

Shabat shalom

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