43 Masei

Parashá Masei
Por Isaac Bonilla Castellanos


Bamidbar (Números) 33:1-36:13
Haftará: Yirmeyahu (Jeremías) 2:2-28; 3:4.


Fuentes y palmeras - judíos y gentiles y su rol en la redención


En esta semana arribamos a la última parashá del libro de Bamidbar, generalmente esta parashá es leída junto a la parashá Matot. En un año judío que tiene doble mes de Adar, es leída individualmente. En ella leemos un recuento de las jornadas de los hijos de Israel, instrucciones sobre la entrada a la tierra y los límites, las ciudades que se darían a los levitas, ciudades de refugio y la reglamentación sobre el matrimonio de mujeres herederas de tierra, como las hijas de Zelofehad.


Dentro del recuento de las salidas, algunas estaciones de los hijos de Israel son recordadas con comentarios breves de Moshé, mientras que otras son simplemente mencionadas. Una de estas estaciones es Elim, tal como está escrito:


“Salieron de Mara y vinieron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí.” (Bamidbar [Números] 33:9)
En Elim había doce fuentes de agua (‘einot mayim) y setenta palmeras (temarim).


Frecuentemente se entiende que esto es una alusión a las doce tribus de Israel y las setenta naciones. Como hemos mencionado anteriormente, en el judaísmo decir “setenta naciones” es equivalente a “toda la humanidad”; esto debido a que en Génesis 10 se contabilizan a 70 naciones sin contar a Shem y Heber, ancestros de Israel.


El cuadro descrito en Elim provee una hermosa analogía del ideal de Hashem para Israel y las naciones: Israel es la nación escogida para traer al mundo Su palabra y al Mesías.


Espiritualmente, las doce tribus de Israel son doce fuentes de aguas que traen al mundo entero lo necesario como un canal de bendición. Las naciones se benefician de la nación sacerdotal y obtienen ricas bendiciones de Israel.


Esto no es nuevo, desde el inicio Hashem dijo a Abraham: “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” (Bereshit [Génesis] 12:2-3)


Hashem dice que haría de Abraham “una gran nación” (Israel) y que en él, serían benditas todas las familias de la tierra (la humanidad). Este fue el ideal de Hashem en los albores de este mundo y algo trascendental a la hora de comprender su programa redentor. En síntesis, Israel es la nación sacerdotal para bendecir al mundo, su elección no es la exclusión del mundo, sino el medio para bendecir al mundo.


Esto ha sido a menudo mal interpretado por muchas personas, la distinción sana y sin discriminación entre judíos y gentiles es objeto de confusión desde el primer siglo hasta este mismo día. Podemos identificar por lo menos tres etapas de creencias erróneas en torno a esta división puesta por Hashem:


1. Nomismo de pacto.


En el siglo primero de la Era Común existía una creencia errónea en muchos judíos, la erudición moderna (E. P. Sanders por ejemplo) lo ha llamado “nomismo de pacto”.

¿Qué es esto? Es la creencia de salvación por ser judío o convertirse en judío. Es decir, Israel es el pueblo de pacto, para tener parte en el mundo venidero basta con ser de ese pueblo y tener una adherencia mínima a los mandamientos para asegurar permanecer en él. Si alguien no es judío, entonces debe proceder a circuncidarte, esto es, convertirse legalmente en judío y entrar al pueblo de pacto y permanecer ahí.


Esto explica el porqué de las palabras de Juan el Bautista: “¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.” (Mateo 3:7-9).


Esto también explica por qué muchos creyentes en Yeshúa insistían en circuncidar a los hermanos gentiles que se adherían al movimiento de Yeshúa. La circuncisión en este contexto significa conversión al judaísmo. De esto leemos que muchos enseñaban: “Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.” (Hechos 15:1) Para ellos ser judío y mantenerse dentro del pueblo de pacto por adherencia modesta a los mandamientos, equivalía a un destino eterno favorable. En otras palabras, “nomismo de pacto” es como decir: “no puedes ser salvo si no eres judío”.


Esto explica por qué Pablo luchó incansablemente para erradicar esta teología nociva del movimiento de Yeshúa. Pablo claramente percibía que la voluntad del Eterno no es que todos fueran judíos, las profecías de la era mesiánica hablan de un Israel restaurado, con el Mesías reinando en Jerusalén, el tabernáculo caído de la casa de David siendo levantado en el reinado Mesiánico y gentiles viniendo a Jerusalén y aprendiendo del Mesías. Decenas de profecías de la era mesiánica incluyen a Israel y las naciones. Si todo el mundo se convierte al judaísmo, perdiendo su nacionalidad y pasando a ser parte de Israel, ¡no habría más naciones!


Pablo entendió esto, al igual que Jacobo en Hechos 15 y luchó por el derecho de los creyentes gentiles a permanecer siendo gentiles. Al grupo de gentiles que abandonan la idolatría, viven según las leyes universales de la Torá y adoran al Dios de Israel, se les llama en la teología judía “temerosos de Dios” (yirei Elohim), este título es conocido desde antaño y también mencionado por Pablo (Ver Salmo 118:1-4; 135:19-20; Hechos 13: 16).


E. P. Sanders en su libro Paul and Palestinian Judaism presenta evidencia sobre la existencia de “nomismo de pacto” en los primeros siglos, y como Pablo no estaba de acuerdo con esto.


En síntesis, la creencia errónea del primer siglo, ahora conocida como “nomismo de pacto” empañaba y hasta borraba la diferencia entre judío y gentil, al decirle al gentil que debía hacerse judío.


2. Teología del reemplazo o “supersesionismo”


Después del error de la primera parte del siglo, otra creencia errónea y peligrosa surgió ahora del lado gentil. Ignacio y Justino Mártir fueron los dos máximos y principales promotores de esta visión. La teología del reemplazo, conocida también como “superssesionism” entre los anglosajones, es la creencia que indica que Dios ha desechado al pueblo judío y lo ha reemplazado con la iglesia. El pueblo judío no tiene más derechos de pacto con el Eterno y ahora deben convertirse en cristianos para ser parte del pueblo de Dios. La mayoría de formas de esta teología también niegan el derecho del pueblo judío a la tierra de Israel.


Los libros de los padres de la iglesia están empapados de esta manera de pensar en su gran mayoría. La forma más ruda y violenta de esta, se encuentra quizás en los escritos de Agustín y de Crisóstomo. Este último llamando al pueblo judío “los asesinos de Dios” y diciendo “Dios odia a los judíos y yo también los odio”.


La teología del reemplazo aún subsiste sutilmente en círculos protestantes y católicos. En la edad media, una “prueba” de conversión para un judío que había pasado a ser cristiano, era comer cerdo u otra cosa que significaba una clara violación de la Torá. Con esto, la iglesia presentaba a cada judío converso como un trofeo y como símbolo de su superioridad sobre el pueblo de Israel.


La teología del reemplazo socava y elimina la diferencia entre judío y gentil, al decirle al judío que debe volverse gentil para ser aceptado por Dios. A esto se le ha llamado “galatanismo inverso” ya que promueve lo contrario de los oponentes de Pablo en Galacia: El judío debe hacerse gentil para ser aceptado por Dios.


3. “Una sola ley” (One Law Theology)


La teología “una sola ley” es una creencia muy popular entre círculos de gentiles mesiánicos. Su auge es reciente relativamente hablando; la mayoría de adherentes a esta teología son gentiles mesiánicos que previamente formaban parte del protestantismo clásico pero lo abandonaron en malos términos por sus errores en torno a la Torá y al pueblo judío (ciertos caraítas son una excepción a esta regla, al creer una forma de esta postura).


Esta teología declara que no hay diferencia de aplicación en los mandamientos de Dios.


Tanto judíos como gentiles deben guardar toda la Torá de igual manera, el “cuento” de las siete leyes de Noé, o de mandamientos que aplican únicamente al pueblo judío y no a los gentiles, es concebido como “mito rabínico”.


Esta creencia surge de un énfasis desmedido a ciertos versos de la Torá en donde se menciona la frase “una sola ley”; los versos más comunes son Shemot (Éxodo) 12:49 y Bamidbar (Números) 15:15-16. Veamos esos versos:


"Más si algún extranjero morare contigo, y quisiere celebrar la pascua para El Eterno, séale circuncidado todo varón, y entonces la celebrará, y será como uno de vuestra nación; pero ningún incircunciso comerá de ella. La misma ley será para el natural, y para el extranjero que habitare entre vosotros."(Éxodo 12:48-49)


"Un mismo estatuto tendréis vosotros de la congregación y el extranjero que con vosotros mora; será estatuto perpetuo por vuestras generaciones; como vosotros, así será el extranjero delante de El Eterno. Una misma ley y un mismo decreto tendréis, vosotros y el extranjero que con vosotros mora." (Números 15:15-16)


Al examinar el contexto de Éxodo 12:48-49 y de Números 15:15-16 nos damos cuenta que ambos hablan de aspectos particulares y específicos y que no buscan ser la generalidad. Éxodo nos habla de la celebración de Pesaj (traducida como "Pascua") y Números nos habla de las ofrendas traídas al tabernáculo y luego al Templo. Si (y solo si) un extranjero quería participar de dichas cosas, debía de hacerlo con las mismas reglas de un hijo de Israel. Si quería comer el Pesaj, debía tener el mismo requisito que un hijo de Israel: ser circuncidado; de igual manera, si quería traer una ofrenda, debía hacerlo con las mismas reglas.


El simple hecho de que tenga que especificarse que para esas circunstancias, debía haber una sola ley, prueba que para otras no había la misma obligación. Por ejemplo, un no judío no tenía que utilizar tsitsit (borlas) en sus vestidos (Números 15:37-41); tampoco está obligado a poner mezuzá en su casa (Deuteronomio 6:9), ni tampoco estaba obligado a guardar todos los mandamientos de identidad israelita, que cada judío debe hacer. Dichos versos, no pueden usarse para implicar el hecho de una misma obligatoriedad ante la Torá.


En la Torá encontramos leyes para toda la humanidad, leyes adicionales para el pueblo judío, leyes adicionales para levitas, sacerdotes, el sumo sacerdote, el rey de Israel, etc. Nadie es culpable por transgredir un mandamiento que no es obligante para él, sino para otro grupo (Para más información ver nuestro articulo “¿Una sola ley?” que puede encontrarse en http://mikdashmeat.com/archivos/benei%20noaj/una%20sola%20ley.html).


En círculos mesiánicos que se adhieren a la teología “una sola ley”, parece haber un mal entendido de identidad en todo su andamiaje. La razón por la que muchos quieren ser reconocidos en el pueblo físico del Eterno (Israel), o quieren ser llamados “judíos”, es porque no entienden que ser gentil también incluye un rol profético asombroso.


Al haber descubierto la rica savia del olivo, Israel y la hermosura de la Torá, el creyente de origen gentil puede pensar que no hay un llamado profético para alguien de las naciones, a no ser que se haga judío por lo menos en la práctica. Al considerar tantas profecías de restauración de Israel, el fin del exilio, la reunificación de los exiliados, el reino de Israel, la vuelta de las tribus a su tierra, el creyente gentil se siente fuertemente impactado y sea como sea, debe buscar compartir ese destino.


Lo que a menudo no es enseñado entre estos círculos es una verdad muy importante: Hay un rol profético de Elohim para el judío, y también hay un rol profético para un no judío. Ambos son importantes en el plan del Eterno, ambos tienen un llamado, ambos tienen que cumplir un propósito permaneciendo siendo lo que son. El creyente gentil atraído por las raíces hebreas de su fe, debe saber que incluso ¡hay profecías del plan de Hashem que sólo un no judío puede cumplir!


¿Cuáles son estas profecías? Echemos un vistazo a una de ellas:


“Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David. He aquí que yo lo di por testigo a los pueblos, por jefe y por maestro a las naciones. He aquí, llamarás a gente que no conociste, y gentes que no te conocieron correrán a ti, por causa del Eterno tu Dios, y del Santo de Israel que te ha honrado.” (Isaías 55:3-5)


Al inicio de la profecía, Hashem habla a Israel diciendo que hará un “pacto eterno” (alusión al “nuevo pacto” hecho con Israel en Jeremías 31:31). Luego dice que el Mesías, poéticamente llamado “David”, sería puesto como testigo a los pueblos y Maestro a las naciones. Gente que no conoció de Hashem, de Israel y de Jerusalén, correrán a aprender los caminos de Hashem para su vida.


¿Quién puede ser el cumplimiento de esta profecía sino un no judío? Gente que no conoció, será atraída a Hashem por su Mesías, quien sería el “Maestro de las naciones”.

El Mesías vendrá a restaurar a Israel y también a ser luz de las naciones y Maestro de las mismas. AMBAS COSAS SON CIERTAS.
 

En segundo lugar, un no judío creyente en Yeshúa, es el más capacitado para influir en su propia cultura y hacer que el reino de los cielos sea establecido en todo su esplendor. En tercer lugar, un gentil creyente debe ser el máximo baluarte contra el antisemitismo en su país (Un judío no podría, porque se puede decir: ¡Claro es judío, como no se va a defender!).


Un gentil creyente es el cumplimiento de un cúmulo de profecías. En Hechos 15, Jacobo ve como Amos profetizó que el tabernáculo caído de David estaba siendo levantado en Yeshúa el Mesías. Esto es acompañado por gentiles que invocan el nombre del Eterno (Hechos 15: 14-18).


Si Yeshúa es el Mesías, se debe esperar que se cumpla esto; entorpecer esto, es poner un tropiezo al reino de los cielos. Pablo lo sabía, Jacobo lo sabía, Pedro lo sabía ¡Lástima que muchos no parecen saberlo!


Tan es así, que Pablo nos dice cuál era la regla general que él daba a judíos y gentiles:


“Pero cada uno como el Señor le repartió, y como Dios llamó a cada uno, así haga; esto ordeno en todas las congregaciones: ¿Fue llamado alguno siendo circunciso? No quite las marcas. ¿Fue llamado alguno siendo incircunciso? No se circuncide.” (1 Corintios 7:17-18)


Esto era lo que Pablo estableció en todas las congregaciones, cada uno debe permanecer en el estado en el que fue llamado. El judío “no debe borrar las marcas de la circuncisión”, esto es, debe seguir siendo judío observando toda la Torá, incluyendo los mandamientos de señal de pacto que son los distintivos de todo hijo de Israel, y que lo diferencia de las naciones (esto ha sido obscurecido por la traducción “quédese circunciso”). El no judío no debe convertirse en judío. Cada uno permanezca en el estado en el que fue llamado.


Esto no quiere decir que el judío es superior o vale más delante de Dios. En el cuerpo del Mesías hay distinción entre judíos y gentiles, hombre y mujer, pero no hay discriminación.


Unidad e igualdad no es similar-idad.


Esto tampoco quiere decir, que no hay posibilidad de conversión al judaísmo en el cuerpo del Mesías. La regla general de Pablo y del judaísmo en sí, puede tener excepciones en donde un gentil puede convertirse en judío. Sin embargo esta es la excepción a la norma, y no la norma misma. El solo hecho de que únicamente encontramos una excepción en todos los Escritos Apostólicos debe hacernos ver la clara norma general y la rareza de la excepción (Si consideramos que Timoteo no era “tan gentil que digamos”, pues su madre era judía, la excepción es más marcada. Ver Hechos 16:1-4).


Finalmente, esto tampoco implica que un gentil está excluido de la mayoría de aspectos de la Torá. A pesar de que un gentil creyente únicamente está obligado a los mandamientos universales (no matar, no idolatría, no comer sangre, no robar, etc.) esto no significa que está excluido de guardar más, si es su deseo y si se hace correctamente.


Autoridades como Shelomo Bar Ron y Chaim Kanievsky, establecen que un no judío puede guardar incluso algunos mandamientos que son únicamente obligantes para el judío (tefilín, tsitsit, mezuzá) si es su decisión, siempre y cuando se haga correctamente evitando dar la idea de que son judíos (Por ejemplo, poniendo mezuzá dentro de su casa y no afuera).


Conclusión


Tanto judíos como gentiles tenemos un papel importante y trascendental en el programa de redención de Hashem. El pueblo judío debe seguir cumpliendo con toda la Torá y con la halajá en el sentido estricto del concepto y los creyentes gentiles, deben andar en justicia ordenadamente. No hay espacio para los sentimientos de inferioridad o superioridad cuando entendemos esto.


Como bien lo expresara la judía creyente en Yeshúa, Jordan Levy: “los gentiles tienen una igual porción y llamado con los judíos para reparar el mundo y traer el reino de Dios” (Messiah Journal 112, “The Crowning jewels of the Nations”, Jordan Gale Levy, First Fruits of Zion, 800.775.4807, www.ffoz.org. Traducción libre).


Que el Eterno haga que más y más personas entiendan el llamado divino para sus vidas, sepamos construir shalom, y hagamos que su Ungido Yeshúa de Nazaret se aproxime.


¡Amén ken yehi ratsón!

שבת שלום


¡Shabat shalom!

© 2016 Comunidades Unidas en el Mesías - Messianictorah - Mikdash Meat - Rosh Pina