31 Emor

Parashá Emor
Por Isaac Bonilla Castellanos


Vayikrá (Levítico) 21:1-24:23
Haftará: Ezequiel 44:15-31


“Nadie os juzgue” - ¿Pablo declaró abolidas las fiestas judías?


En la parashá de esta semana, leemos de un tema muy interesante para todo estudioso de la Biblia, un tema que es relevante tanto para judíos como gentiles y que posee muchísimo material para escudriñar. Nos referimos a las festividades judías registradas en Levítico 23 y que se encuentran en esta parashá.


Se ha hablado mucho de las festividades judías, las fiestas o tiempos señalados por el Eterno, y de sus múltiples tópicos: Su sentido primario y agrícola, su significado histórico y espiritual para el pueblo judío, los diferentes acontecimientos ocurridos en las fiestas, y sobre todo, su significado escatológico.

Lastimosamente, a menudo también se ha hablado negativamente de las fiestas que nuestro Elohim dio a su pueblo.


Una postura de muchos círculos cristianos es que Yeshúa abolió las fiestas de Levítico 23. Al haber cumplido la ley, él “nos libró” de la necesidad u obligación de guardar la fiesta de panes ázimos, la fiesta de los tabernáculos, etc. Cada fiesta tenía un significado mesiánico y por tanto, venido el Mesías, las fiestas carecen de significado para nosotros.


Uno de los versos más usados para proponer dicha doctrina es Colosenses 2:16. Cuando este verso es leído superficialmente, y desconociendo el contexto de los dichos de Pablo, puede llevarnos a malinterpretarlo y pensar erróneamente. La lectura convencional y clásica que círculos cristianos han tenido de este verso, ha sido la base para argumentar en contra de las fiestas.


Leemos ahí lo siguiente:


“Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es del Mesías.” (Colosenses 2:16-17)


El entendimiento teológico popular va de la siguiente manera: “Pablo está diciendo a los colosenses que nadie debe de juzgarlos por no observar las fiestas o considerarlas relevantes.


Además, ellos no consideraban importantes las leyes de alimentación de la ley y no se sometían a ellas. Todo esto era sombra de lo que había de venir y presagiaban al Mesías. Una vez venido, no tiene ningún sentido”.


En pocas palabras, Shaúl de Tarso estaba diciéndoles que no se dejaran criticar por no observar las festividades. En dicha posición, los que están juzgando a los creyentes de Colosas quieren que ellos observen las fiestas pero los Colosenses no lo hacen. En síntesis, es una crítica por su abstencionismo o su falta de participación en las fiestas.


Esta postura lamentablemente carece de solidez, al considerar los siguientes aspectos:


• Si Pablo estuviera sugiriendo a los creyentes de Colosas que las fiestas, los shabatot y las lunas nuevas, son irrelevantes, estaría en conflicto con profecías que aún están por cumplirse. Zacarías 14 dice que en la era mesiánica, cuando el Mesías regrese e imponga el reino de Dios en toda su expresión, las naciones subirán a celebrar la fiesta de los tabernáculos (Zacarías 14:16-18). El profeta Isaías menciona que en esos días “de mes en mes, y de shabat en shabat, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo el Eterno.”


(Isaías 66:23) Si las fiestas aún son una realidad profética futura, ¿Cómo Pablo podría enseñar contra ellas o restarles importancia?


• La Torá no legisla sobre bebidas prohibidas. Si la suposición de creer que los críticos de los colosenses se basaban en la Torá es cierta, ¿Cómo los juzgaban con respecto a su bebida? No hay mandamiento de la Torá que legisle restricciones de bebida para un judío o un no judío (El voto de Nazareo, es un caso especial y algo voluntario y no la regla estándar).


• Las personas que estaban dando estos problemas tenían “culto a los ángeles”.


(Colosenses 2:18) Esto los sitúa totalmente fuera del judaísmo, quien no conoce adoración a seres angélicos, sino únicamente al Eterno.


• La base de los críticos de los colosenses no pudo haber sido la Torá, sino otro tipo de reglas que intentaban poner a estos creyentes. Pablo llama a estas reglas:


“Mandamientos de hombres” (2:22) e incluso da los siguientes ejemplos de estos: “No manejes, ni gustes, ni aun toques.” (Colosenses 2:21) Tales mandamientos no están en la Torá de Moisés, y no son para nada, mandamientos dados por Dios al pueblo judío, sino mandamientos de hombres, como él menciona.


Habiendo considerado estos cuatro aspectos, la postura convencional de este verso, carece de solidez y tenemos que buscar una mejor alternativa para entender el verso. Debemos considerar el contexto histórico y el contexto inmediato del verso, para poder hacerlo.


Todo parece indicar que el problema de los colosenses, no era una amenaza judaizante que quería exigirles cosas que ellos no estaban haciendo; sino una amenaza de origen gentil que quería prohibirles cosas que sí estaban haciendo. Esta amenaza incluso tiene un nombre conocido: ascetismo.


El ascetismo es una escuela filosófica que enseña que para poder purificarnos debemos abstenernos de muchos placeres y tratar duramente nuestro cuerpo y ponerlo en sumisión y rígida disciplina, esto incluye la abstención casi permanente o incluso permanente de cosas licitas. De hecho su etimología proviene de “askesis” que significa “disciplina” o “formación”, esto debido a su énfasis en la purificación mediante la abstención del placer, y la rigidez corporal.


La vida física es vista generalmente como un mal necesario o desafortunado en algunos casos. No son raros latigazos auto-infligidos para expiar culpas o para purificar la carne de su mal, esto es muy frecuente en monjes de distintas religiones ascetas.


El ascetismo era popular en la antigua Grecia y después en la cultura romana, quien se vio grandemente afectada por la primera. Colosas, una ciudad de Frigia, no escapaba de la influencia de filosofías griegas que eran comunes en aquellos entonces. Todo parece indicar, que este era el problema de los colosenses en primer lugar, y no una influencia de judíos queriendo imponerles cosas obligatorias para el judío (por fidelidad de pacto) a los gentiles.


De hecho, Pablo arranca esta sección diciendo:


“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según el Mesías.” (Colosenses 2:8)


Explícitamente Pablo menciona a “filosofías” y “tradiciones de hombres” en su carta. El punto aquí, no son los mandamientos de la Torá y personas queriendo imponer a gentiles, requerimientos que son obligantes únicamente a un descendiente de Abraham. El punto de alerta de Pablo es no dejarse desviar por “filosofías”.


Un eje fundamental del ascetismo es la creencia en que tenemos que hacer algo para purificarnos eternamente con Dios o el cosmos. Otro aspecto, es que debemos abstenernos de ciertas cosas en virtud de infligirnos disciplina para expiar culpas y “purificarnos”.


Pablo invertirá del verso 9 al 14, demostrando porque esto no es una posición válida para un creyente gentil en Yeshúa. El menciona tres cosas fundamentales a los creyentes en Colosas:


1. La plenitud de Yeshúa nuestro Mesías. (Colosenses 2:9)


Pablo menciona que en el Mesías mora “la plenitud de la divinidad (deidad)”. Una referencia a la profecía de Isaías 11 donde se menciona, que sobre el Mesías, reposarían los siete espíritus del Eterno. Ahí leemos:


“Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu del Eterno, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Eterno.” (Isaías 11:1-2)


La plenitud del Espíritu del Eterno mora en el Mesías como en ningún otro. El Midrash Vayikrá Raba 15:2 menciona a Rabí Aja, enseñando que “Incluso el Espíritu Santo que reposa sobre los profetas, lo hace por medida”. Sobre el Mesías sin embargo, Hashem haría reposar la plenitud de su Espíritu.


El punto de Pablo es: “Con semejante líder ¿Quién necesita a filósofos que meramente especulan doctrinas de hombres? ¡Nosotros tenemos la verdadera sabiduría con nuestro Señor!”.


La plenitud del Mesías, su sabiduría, su conocimiento, su consejo y poder, son la base para demostrar la competencia de nuestra fe. Pablo arranca su argumentación con este punto pues será la base de los siguientes dos.


2. Nuestra Plenitud en el Mashíaj. (Colosenses 2:10-12)


Inmediatamente después de mencionar la plenitud del Mesías, Pablo recuerda a los creyentes gentiles de Colosas, todo lo que han recibido por medio de él. El menciona que “vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.” (2:10) Es decir, no necesitamos a nadie más como Mediador entre Elohim y nosotros, el Eterno ha ungido a Yeshúa y lo declaró Señor y Mesías, por lo tanto él es la cabeza y estamos completos en él.


Nuestra “purificación eterna” no viene de la abstención de placeres lícitos, ni duro trato al cuerpo, sino por su obra redentora.


Los críticos de los colosenses, buscaban influirlos con “filosofías” que contenían, en palabras del mismo Pablo: “culto a los ángeles” (Colosenses 2:18) y “culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo”. (Colosenses 2:23) Su manera de perfeccionamiento consistía en la negación de cosas licitas, una elucubrada jerarquía espiritual y culto a ángeles, y duro trato del cuerpo. Este era su medio de expiación, redención y santificación.


Pablo proclama que los discípulos gentiles ya han recibido esto en el Mesías, y están completos en él. En él, dirá Pablo, hemos recibido la circuncisión del corazón (regeneración), anunciada por Moisés y los profetas. Hemos sido sepultados en él, en el bautismo (tevilá) recibiendo el reconocimiento legal como parte del Cuerpo del Mesías. Hemos recibido redención, poder para vencer el pecado por su Espíritu y la circuncisión del corazón.


¿¡Podríamos pedir mayores bendiciones espirituales!?


3. El perdón de pecados en Yeshúa.


Inmediatamente Pablo menciona que hemos recibido perdón eterno de pecados al haber recibido la reconciliación en Yeshúa nuestro Mesías. Hashem lo puso como expiación de pecados a Israel y el mundo, todos aquellos que lo aceptan, experimentan la regeneración (Tito 3:5) y perdón de pecados. De ahí que Pablo diga:


“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz.” (Colosenses 2:13-14)


Pablo menciona que nuestros pecados fueron clavados en la cruz juntamente con el Mesías.


Nuestro cuerpo de pecado fue cargado a él en el madero, como menciona Pedro en su carta, tal como está escrito:


“quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida
fuisteis sanados.” (1 Kefa [Pedro] 2:24)


Hemos recibido vida Eterna y perdón de pecados en Yeshúa. No es necesario dar un “duro trato al cuerpo” ni abstenerse de disfrutar cosas que nos son licitas como bebidas o comidas para lograr esto. La vida eterna y perdón de pecados no se encuentra en abstencionismo de bebida o comida aprobada por Dios, ni tampoco en tratar con rigidez nuestro ser. La expiación eterna ha venido con el Mesías, por cuyo sacrificio somos aceptos delante del Eterno.


Erróneamente se ha pensado que el “acta de decretos” que Pablo menciona, es la Torá. El Mesías nunca clavó la ley en la cruz, Pedro no menciona que él llevará el mandamiento de “no matarás” o “no dirás falso testimonio” en el madero. Fue nuestro pecado, nuestras transgresiones de la ley que él cargó, no la Torá misma. El mismo declaró que ningún mandamiento de la Torá sería abolida mientras hayan cielo y tierra. (Mateo 5:17-19)


Pablo tiene en mente a nuestros pecados, esa era el acta que “nos era contraria” y que el Mesías clavó en la cruz al morir por Israel y el mundo. Esta realidad es expresada por Pablo para poder tener base en su argumentación contra las restricciones ascéticas de sus adversarios.


Inmediatamente después de mencionar estas tres cosas, Pablo dice:


“Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es del Mesías. Nadie os prive de vuestro premio.” (Colosenses 2:18, 19a)


Los críticos veían con malos ojos el sano disfrute que los colosenses tenían en shabat, lunas nuevas y días de fiesta al comer y beber de una manera permitida. Ellos querían “privar de su premio” a los colosenses mandándoles no observar esto y no comer y beber como lo hacían.


Paradójicamente, al estudiar el contexto del verso, resulta que en lugar de ser una crítica por no observar las fiestas, ellos ¡los criticaban por observarlas!


El punto de Pablo entonces no es: “Esta bien, no celebren las fiestas ni santifiquen el shabat, no dejen que nadie los critique por eso”, sino todo lo contrario: “No dejen que nadie los critique por guardar las fiestas, por comer y beber sana y espiritualmente en shabatot o en lunas nuevas.


Todo esto es una sombra de algo grande que está por venir: la era mesiánica. Todo esto presagia al Mesías y su reino, que nadie les prive de participar en estas festividades que anuncian algo tan importante”.


El ascetismo y privarse de legítimos disfrutes de la creación, era común en la cultura griega.


Diógenes, Hiparquía, Crates el Cínico, Porfirio, Empédocles, son sólo algunos ejemplos de famosos ascetas de la antigüedad, algunos anteriores o posteriores al tiempo de Pablo. El vegetarianismo y el duro trato al cuerpo, despojo de todo bien, eran doctrinas filosóficas de estos pensadores. Parece ser que desde una época muy temprana, estas escuelas filosóficas empezaban a ser una amenaza para los creyentes gentiles. La posterior adopción de monasterios, monjes y el ascetismo cristiano de los siglos III y IV, son sólo el lógico resultado de no haber atendido a las exhortaciones de los apóstoles.


En la era Mesiánica, los profetas señalan banquetes de prosperidad y bendición sobrenatural. Miqueas menciona que en esos días “se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente; porque la boca del Eterno de los ejércitos lo ha hablado.” (Miqueas 4:4. Ver también Zacarías 3:10). Las festividades, su comida y bebida es un presagio de esta realidad aún por ser manifestada ¡Cuan increíble es poder ser parte de un anticipo de esto! ¡Qué trágico debe ser que alguien nos prive de semejante ensayo profético!


Es aquí donde cobra sentido el hecho de que el texto mencione no ser juzgados “en bebida”.


La Torá no menciona una prohibición de bebidas en sí mismas. Ciertamente se prohíbe la borrachera, pero no se señala ninguna bebida como prohibida. Cuando comprendemos que los críticos, juzgaban a los creyentes de Colosas por participar de bebidas en las fiestas y no por abstenerse de observarlas todo el texto cobra sentido.


Otro aspecto a señalar es que Pablo no dice, como a menudo se parafrasea erróneamente, que todo esto ERA sombra de lo que HABÍA de venir. Él dice que esto ES SOMBRA DE LO QUE HA DE VENIR. Es decir, todavía es algo futuro, no es algo que quedó obsoleto antes de los días de Pablo, ni en sus días.


Pablo continúa su exposición diciendo:


“Pues si habéis muerto con el Mesías en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.” (Colosenses 2:20-23)


Tal como mencionamos, los críticos contra quienes Pablo arremete, tenían una filosofía basada en mandamientos de hombres que predicaban el ascetismo y la abstención de cosas buenas. Frases como “no gustes” o “no toques” eran sus mandamientos de hombres. Esto no tiene nada que ver con la Torá, ni con el judaísmo, sino con filosofías griegas que potencialmente desviarían a los creyentes del camino correcto.


Las fiestas son una sombra de lo que ha de venir. Todas anuncian actos de redención del Eterno Dios de Israel y presagian la era Mesiánica, el Reino de Elohim, la era de paz y tranquilidad anunciada por los profetas, en la que el Mesías, reinará sobre todas las naciones desde Jerusalén. Esta revelación es un profundo tesoro para los creyentes de origen gentil y no deben ser privados de estas bendiciones.


En la fiesta de panes sin levadura, tenemos una oportunidad de recordar la salida Egipto, la muerte de nuestro Maestro y despojarnos de nuestro jametz, que es el pecado. En shavuot (pentecostés) recordamos la dadiva de la Torá en esa época y el derramamiento de la Ruaj Hakodesh (Espíritu Santo). En yom teruá, tenemos una oportunidad para proclamar la soberanía de Dios, sus juicios venideros y escudriñar nuestros caminos al oír el shofar. En yom kipur, nos presentamos para un día especial con nuestro Padre, quien está dispuesto a renovar nuestra comunión y perdonar nuestras faltas. En sukot, nos regocijamos por la bendición de Hashem y anunciamos la era Mesiánica. Todas las fiestas son importantes y participar de ellas es una bendición enorme.


¡Que nadie nos prive de nuestro premio y de estas convocaciones de santidad!


שבת שלום


¡Shabat shalom!

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