25 Tsav

Parashá Tsav
Por Isaac Bonilla Castellanos


Vayikrá (Levítico): 6:8-8:36
Haftará: Jeremías 7:21 – 8:3; 9:22-23


“¡Hablad de todas sus maravillas!”


En la parashá pasada estudiamos los tipos de korbanot (sacrificios) enumerados en la Torá, en los primeros 5 capítulos de Levítico. En dichos capítulos, aprendimos grandes lecciones sobre los sacrificios que se ejecutaban en el tabernáculo y luego en el templo. En esta parashá seguiremos considerando las lecciones espirituales y teológicas que encontramos en las korbanot, específicamente en una de las categorías de sacrificios: Los sacrificios de paz (shelamim).


El sacrificio de paz tiene varias peculiaridades dignas de atención y explicación. Vimos los principales aspectos en la parashá pasada y ahora veremos más aspectos del mismo, su significado y sus sub-categorías.


Leemos en esta parashá lo siguiente:


“Y esta es la torá (ley) del sacrificio de paz que se ofrecerá al Eterno: Si se ofreciere en acción de gracias, ofrecerá por sacrificio de acción de gracias tortas sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con aceite, y flor de harina frita en tortas amasadas con aceite. Con tortas de pan leudo presentará su ofrenda en el sacrificio de acciones de gracias de paz. Y de toda la ofrenda presentará una parte por ofrenda elevada al Eterno, y será del sacerdote que rociare la sangre de los sacrificios de paz. Y la carne del sacrificio de paz en acción de gracias se comerá en el día que fuere ofrecida; no dejarán de ella nada para otro día. Mas si el sacrificio de su ofrenda fuere voto, o voluntario, será comido en el día que ofreciere su sacrificio, y lo que de él quedare, lo comerán al día siguiente.” (Vayikrá [Levítico] 7:11-16).


De esto se extrae que el sacrificio de paz tiene por lo menos tres sub-categorías:


• Sacrificio de acción de gracias (heb. “korbán todá”)
• Sacrificio por voto (heb. “korbán neder”)
• Sacrificios voluntario (heb. “nedavá”)


Al ser todos sacrificios de paz (shelamim), estas sub-categorías comparten cosas en común pero también poseen ciertas diferencias en sus procedimientos y significados. Estas diferencias que superficialmente parecen accidentales o intrascendentes, transmiten poderosos mensajes para nuestro entendimiento de la Escritura y nuestro crecimiento espiritual.


En primer lugar consideremos la primera de estas diferencias: En el sacrificio de acción de gracias, toda la carne debía de ser consumida en el mismo día. En la ofrenda por votos o en la voluntaria, se podía dejar para el día siguiente y comerla, siempre y cuando, si el que la comía, estaba ritualmente puro. ¿Por qué era esto así? ¿Por qué el korbán todá únicamente podía ser comido en el mismo día? ¿Hay alguna intención para esto? ¿Qué nos comunica esto al día de hoy en nuestro servicio a Hashem?


La razón para esto es simplemente una: Traer mayor gloria al Eterno y santificar su nombre al brindarle loor y alabanza. ¿De qué manera? Al tener que consumir la carne el mismo día, la persona invitaba a muchos más amigos y familiares para poder acabar la carne y que no quedara para el día siguiente. Al invitar una mayor cantidad de gente, la persona relataría las bondades que el Eterno había hecho con ella, con alabanza y agradecimiento ante muchas personas. Esta ley traía el objetivo de santificar el nombre de Hashem ante muchas personas.


¿Te imaginas la escena? Tu, tu familia, tus amigos en el templo de Jerusalén compartiendo una comida relatando las bondades del Eterno, junto a sus sacerdotes. El lugar donde el Eterno residía con intensidad inigualable, se convierte en tu sede de alabanza delante de todos tus conocidos, compartiendo una comida especial.


Esto nos enseña una gran lección espiritual: Relatar las bondades que Hashem nos ha dado, es una gran alabanza a su nombre. Al santificar su nombre entre muchas personas, nos hacemos parte de la gran oración enseñada por nuestro maestro: “Santificado sea su nombre.” (Mateo 6:9)


Dar gloria al Eterno con agradecimiento de corazón, con gozo, con fervor es un gran mandamiento, tal como se nos dice:


“Proclamad entre las naciones su gloria, En todos los pueblos sus maravillas. Porque grande es el Eterno, y digno de suprema alabanza.” (Salmo 96:3-4)


“Alabad al Eterno, invocad su nombre; Dad a conocer sus obras en los pueblos.


Cantadle, cantadle salmos; Hablad de todas sus maravillas. Gloriaos en su santo nombre; Alégrese el corazón de los que buscan al Eterno.” (Salmo 105:1-3, énfasis añadido)


“Del poder de tus hechos maravillosos hablarán los hombres, Y yo publicaré tu grandeza.” (Salmo 145:6)


El agradecimiento al Eterno por todas sus misericordias, bondades y benevolencias es la clave para una vida llena de dicha y felicidad. Solamente aquel que está agradecido con lo que tiene, puede vivir en completa paz; si bien es cierto, todos tenemos el derecho a siempre querer mejorar, debemos estar conformes con lo que tenemos al momento (conformes sin ser conformistas). Muchas personas viven su vida renegando por lo que no tienen y menospreciando lo que tienen; por otro lado, nosotros debemos vivir conformes y alegres con lo que tenemos, y esforzándonos por mejorar en paz y dedicación.


Aquel que es agradecido, es alguien de espíritu afable, con templanza y quien vive en paz con Dios y con los hombres. Una de las máximas maldiciones de este siglo, es su consumismo galopante quien siempre nos hace creer lo “desdichados” que somos por lo que no tenemos y que salió ayer en el mercado.


Como creyentes en el Eterno y discípulos de Yeshúa debemos estar agradecidos y hacer de nuestra vida una continua alabanza al Eterno, tal como se nos dice:


“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en el Mesías Yeshúa.” (1 tesalonicenses 5:18).


¿Estamos dispuestos a empezar a vivir agradecidos ante todas las circunstancias?


“No dejarás que tu Santo vea corrupción”.


Como hemos comentado en parashot anteriores, una gran parte de los procedimientos que se llevaban a cabo en el templo, está asociada con evitar el contacto literal o simbólico con la muerte. Esta es la razón, por ejemplo, por la cual no se podía presentar una ofrenda vegetal con levadura y quemarla en el altar. La levadura al ser obtenida por agriar una cantidad de masa y aplicarla a más nueva, es vista como sinónimo de corrupción o decaimiento.


Varías leyes que veremos más adelante, también nos comunican que el contacto literal con muerte o estar simbólicamente en contacto con abandono de vida, era causal de impurificación ritual. La prohibición de los cohanim (sacerdotes) de impurificarse por muerto, entra en la misma categoría. El mensaje presentado en el tabernáculo es sencillo y claro: Dios está en contra de la muerte, le desagrada y al final, la eliminará.


Una de las leyes del sacrificio de paz, ilustra también este concepto. Leemos en la Torá lo siguiente:


“Mas si el sacrificio de su ofrenda fuere voto, o voluntario, será comido en el día que ofreciere su sacrificio, y lo que de él quedare, lo comerán al día siguiente; y lo que quedare de la carne del sacrificio hasta el tercer día, será quemado en el fuego. Si se comiere de la carne del sacrificio de paz al tercer día, el que lo ofreciere no será acepto, ni le será contado; abominación será, y la persona que de él comiere llevará su pecado.” (Vayikrá [Levítico] 7:16-18)


El sacrificio de voto o voluntario, podía ser comido incluso el día siguiente, pero nunca en el tercer día. ¿Por qué razón? En un mundo sin refrigeradoras y sin persevantes avanzados como los que tenemos hoy en día, la carne no pasaba mucho tiempo sin tornarse rancia o empezar a perder su sabor original y optimo. El tercer día, es el día designado por la Torá como un límite de precaución para evitar la posibilidad de comer carne que se empezaba a poner rancia o acida.


Esto es así, debido a la simbología que transmitía: En la presencia de Dios, la muerte o la corrupción no son ideales y no deben estar ahí. Nuevamente vemos el simbolismo la-muerteno- es-agradable expresado en esta ley.


A parte de este significado, podemos ver también una alusión a la resurrección del Mesías en la ley del sacrifico de paz. Así como la carne del sacrificio de paz no podía ser comida habiendo en ella “corrupción”, el Mesías de Israel fue resucitado luego de un periodo corto sin que su
carne viera corrupción, tal como está escrito:


“Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción.” (Salmo 16:10)


El Salmo 16 fue citado precisamente por Kefa (Pedro) en su conocida disertación en shavuot (pentecostés). Ahí él expresó que una fuerte indicación mesiánica yacía en este salmo, tal como está escrito:


“Porque no dejarás mi alma en el Hades, Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.


Me hiciste conocer los caminos de la vida; Me llenarás de gozo con tu presencia.


Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Mesías para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección del Mesías, que su alma no fue dejada en el sepulcro, ni su carne vio corrupción. A este Yeshúa resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.” (Hechos 2:27-32).


Yeshúa debía resucitar antes de que su carne viera corrupción para cumplir este aspecto mesiánico del Salmo 16. Al resucitar al tercer día, un periodo corto de tiempo, su carne no vio una corrupción perceptible y sustancial (sabemos por la medicina que algo de corrupción en un cuerpo muerto comienza minutos después de la muerte) y pudo cumplirse lo dicho por el Rey David. Esto es probablemente lo que Shaúl de Tarso tenía en mente cuando dijo:


“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que el Mesías murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;” (1 Corintios 15:3-4. Énfasis añadido).


Muchos críticos han preguntado: ¿Dónde, en todos los profetas, se había anunciado que el Mesías resucitaría al tercer día? Pablo dice que el Mesías “resucitó al tercer día conforme a las Escrituras”, ¿Dónde está semejante profecía? ¿Se equivocó Pablo diciendo que estaba anunciado algo que no fue dicho por ningún profeta?


En efecto, ningún profeta dijo algo como: “El Mesías resucitará al tercer día” o algo similar.


Ciertamente podemos deducir la muerte del Mesías en los profetas (Daniel 9:26, Isaías 53:9) e incluso su resurrección (Isaías 53:10) pero nada que literalmente indique que sería al tercer día.


Podemos explicar esta aparente discrepancia en varias maneras posibles:


• La frase de Pablo se refiere únicamente a la primera parte de la oración, es decir que el Mesías “resucitaría” conforme a las Escrituras. La parte del “tercer día” es información añadida que es conocida por Pablo; sin embargo, la parte que está en las Escrituras y a la que se refiere, es a la resurrección del Mesías en sí.


• Pablo no está diciendo que la resurrección al tercer día este basada en las Escrituras; sino que es conforme a las Escrituras. Es decir, a pesar de no haber una profecía explicita con esa información, no contradice el patrón que la Escritura describe sobre el Mesías sino que es consistente con él.


• Pablo está haciendo referencia al texto de Oseas 6:2, donde se nos dice: “Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.” La única debilidad de esta postura, es que el texto habla literalmente de Israel y no del Mesías.


Podría ser una alusión mesiánica secundaria ya que el Mesías, es el israelita por excelencia y sigue similitudes con Israel en su vida; pero no un cumplimiento literal de una profecía.


• Pablo está haciendo una alusión al Salmo 16, indicando que, para que el Mesías no viera corrupción como se indica ahí, debía resucitar en un tiempo corto, esto es al tercer día.


La última opción es a nuestro juicio la más prometedora para explicar el verso. Las demás tienen grados de certidumbre pero la que parece hacer más justicia a lo dicho por Pablo, es la última. Pablo no estaba cometiendo un error, sino que está diciendo algo perfectamente coherente y en la línea con los profetas hebreos.


En el siglo primero, había muchas teorías sobre cuando un cadáver empezaba su descomposición irreversible, el tercer día es señalado frecuentemente con ese proceso de corrupción. Por ejemplo leemos de la historia de Lázaro, que cuando Yeshúa iba a resucitarlo y pidió abrir el sepulcro se le dijo: “Señor, hiede ya, porque es de cuatro días.” (Juan 11:39).


Claramente esto indica que la descomposición se percibía como irreversible del tercer día en adelante. Es debido a esto, que Yeshúa se esperó hasta el cuarto día para resucitarlo (Juan 11:6, 17).


Un dato de la tradición parece dar más luz a la razón por la que Yeshúa se esperó hasta el cuarto día. En la tradición judía incluso se especulaba hasta que momento el alma de una persona se iba totalmente del cuerpo, ¿era simultaneo? ¿Era inmediato? ¿Había un ínfimo o mínimo periodo de transición? Dentro de este marco de especulación, leemos lo siguiente:


“Bar Kapará dijo: El peso del duelo no es sino al tercer día. Por tres días el espíritu vaga por la tumba, preguntándose si podría retornar al cuerpo, pero cuando ve la cara desfigurándose, entonces no flota más y deja el cuerpo asimismo.” (Bereshit Rabá 100:7)


Esto explica porque Yeshúa esperó hasta el día cuarto: Nada discutiría que esto era un milagro inequívoco de Dios, su periodo de corrupción irreversible había arrancado ya, y aquel que lo resucitará, probaría ser aprobado de lo alto, pues Lázaro estaba ya corrompiéndose en su carne.


Esto también nos enseña como la resurrección al tercer día del Mesías sin pasar del mismo, está fuertemente respaldada por la Torá, los profetas e incluso la tradición judía. El Mesías de Israel ha sido el primogénito de entre los muertos; en él, la resurrección ha comenzado. El Mesías ahora es corporal y espiritualmente incorruptible, esto lo capacita para poder reinar por mil años tal como dice el libro de Revelación y luego eternamente, como establece el profeta. (Isaías 9:7)


El dijo en aquella ocasión a la hermana de Lázaro, aquellas palabras que han resonado por siglos y siglos: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.”


(Juan 11:25) Nuestro Señor venció la muerte y entonces ha sido exaltado más que Abraham, que Moisés y que los ángeles ministeriales. La victoria que la humanidad tendrá finalmente sobre la muerte, ha comenzado en el más hermoso de los hijos de los hombres: Yeshúa de Nazaret, nuestro Mesías y Salvador.


La Torá alude al enorme desagrado que el Eterno tiene en la muerte en diversas leyes de los sacrificios; al escudriñarlas detenidamente hemos encontrado tesoros en su palabra y en la tradición del pueblo judío, que nos fortalecen y nos hacen crecer en el conocimiento de su voluntad para la humanidad.


Es en el Mesías, nuestra paz para con Elohim, que la derrota a la muerte ha comenzado. Sólo nos queda esperar el cumplimiento total de la gloriosa profecía: “Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará el Eterno el Señor toda lágrima de todos los rostros.” (Isaías 25:8)


¡QUE SEA PRONTO Y EN NUESTROS DIAS!


שבת שלום


¡Shabat shalom!

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