Haazinu 53-2

Haazinu 53-2

Escuchad

Deuteronomio 32:7-12

Por Dr. K. Blad

Acuérdate de los días de antaño; considera los años de todas las generaciones. Pregunta a tu padre, y él te lo hará saber; a tus ancianos, y ellos te lo dirán. Cuando el Altísimo dio a las naciones su herencia, cuando separó los hijos del hombre, fijó los límites de los pueblos según el número de los hijos de Israel.

(Deut. 32:7-8 LBLA)

¿En qué se parece la creación del mundo con la creación de los pueblos?

Los días de antaño – en hebreo ימות עולם, yemót olam, “los días eternos” o “los días del mundo” – y los años de todas las generaciones – en hebreo שנות דור ודור, shenót dor va-dor, “los años de una generación y otra generación” – no son la misma cosa. Por un lado se habla de días y por el otro lado de años. Los días de antaño pueden referirse a las seis días de creación del mundo y los años de las generaciones se refieren a la historia de la humanidad. La Torá dice que hay que acordarse de los seis días de la creación y también entender los años de las generaciones. El padre y los ancianos son los que guardan la memoria de estas cosas.

Esto nos enseña que es importante conocer no sólo el relato de la creación sino también la historia de la humanidad. A pesar de que estas cosas estás escritas en la Torá este texto nos dice que no es suficiente lo escrito sino también hay que estudiar la tradición oral de los antepasados.

Moshé rabenu nos exhorta a recordar y entender estos dos períodos en relación con la formación del pueblo de Israel. Entonces ¿qué relación hay entre los días de la creación del mundo y la formación del pueblo de Israel?

Vamos a destacar algunas cosas del relato de la creación de los cielos y la tierra que corresponden a la creación del pueblo sagrado y su relación con las naciones.

En primer día el mundo estaba en un caos hasta que el Todopoderoso hizo brotar la luz. Esa luz es la luz del Mesías que luego fue escondida hasta su aparición más tarde. Luego hubo una separación entre la luz y las tinieblas, lo cual representa la separación entre los que son del Mesías y los que no lo son.

Luego el Eterno sigue haciendo separaciones en el mundo, separó las aguas debajo de la expansión de las aguas sobre la expansión, lo cual puede representar que entre las naciones hay personas que son del cielo y otras que sólo son de este mundo.

En el texto de hoy la Torá dice que el Eterno primero dividió las naciones y luego puso un límite entre las naciones y los hijos de Israel según la cantidad de estos últimos. Esto corresponde a lo que hizo el Eterno en la creación cuando puso un límite entre los mares y lo seco. Los mares representan las naciones y lo seco representa a Israel. El limite que hay entre las naciones e Israel es el límite que la Torá pone entre el pueblo escogido y las demás naciones del mundo. El Todopoderoso vio que esto era bueno.

El texto de hoy también nos enseña que las naciones dependen de los hijos de Israel. Vemos por un lado que el Eterno creó setenta naciones según la cantidad de los hijos de Israel que bajaron a Egipto, setenta personas (Gén. 46:27). Y por otro lado aprendemos que el Eterno va a permitir que el territorio de Israel sea expandido con la vuelta de los judíos y la restauración de las doce tribus en la Tierra. De esa manera las fronteras entre las naciones e Israel dependerán de la cantidad de hijos de Israel que volverán a la tierra en los últimos tiempos. Los Profetas dicen que ni uno de ellos se quedará entre las naciones (Ez. 39:28).

Todo lo que sucede con Israel y el pueblo judío tiene una influencia muy considerable en el mundo. Las Escrituras muestran que esa influencia determina el destino de cada nación. No solamente la historia muestra que lo que sucede con los hijos de Israel afecta directamente a las naciones, tanto positivamente como negativamente, sino también se puede ver que la vida espiritual del mundo depende de la nación sacerdotal. La salvación es de los judíos (Juan 4:22)

“Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra… Sírvante pueblos, y póstrense ante ti naciones; sé señor de tus hermanos, e inclínense ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldigan, y benditos los que te bendigan… Se agazapa, se echa como león, o como leona ¿quién se atreverá a despertarlo? Benditos los que te bendigan, y malditos los que te maldigan.” (Gén. 12:3; 27:29; Núm. 24:9 LBLA)

Entonces lo peor que pueden hacer las naciones es hacer guerra contra Israel y el pueblo judío. Lo mejor que pueden hacer es colaborar con el Eterno en el restablecimiento del pueblo sagrado para que sea esa nación sacerdotal que fue creada para ser lo cual beneficiará a todos.

Bendiciones,

Ketriel

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