Ki Tetsé 49-5

Ki Tetsé 49-5

Cuando salgas

Deuteronomio 23:24(25) – 24:4

Por Dr.K. Blad

Cuando alguno toma una mujer y se casa con ella, si sucede que no le es agradable porque ha encontrado algo reprochable en ella, y le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa, y ella sale de su casa y llega a ser mujer de otro hombre; si el segundo marido la aborrece y le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa, o si muere este último marido que la tomó para ser su mujer, al primer marido que la despidió no le es permitido tomarla nuevamente como mujer, porque ha sido menospreciada; pues eso es abominación ante el SEÑOR. No traerás pecado sobre la tierra que el SEÑOR tu Dios te da por heredad. 

(Deut. 24:1-4 LBLA)

¿Está permitido el divorcio?

Un matrimonio judío sólo es válido si se hace bajo jupá. De la misma manera un divorcio judío no es válido sin un guet – carta de divorcio. Un matrimonio para los hijos de Noaj tiene validez si está hecho ante las autoridades competentes de su nación.

En el tiempo del segundo templo había dos interpretaciones principales de la palabra “reprochable”, en hebreo ervá – ערוה, desnudez, desgracia, defecto, indecencia, inmundicia, confusión, vergüenza, impureza, promiscuidad. Por un lado tenemos la interpretación de la casa de Hilel que dice que se puede despedir a una mujer por cualquier cosa que cause molestia en el esposo, incluso si ella fracasa en la cocina. La casa de Shamai era más estricta, sólo permitía divorcio cuando había un comportamiento sexual indecente en la mujer.

El autor de Séfer HaJinuj considera que el documento de divorcio, llamado “guet”, representa un término medio entre aquellos que prohíben el divorcio en todos los casos y los que lo autorizan con una sola palabra del marido, como: “vete”.

En Mateo 19:3-10 está escrito: “Entonces se le acercaron los fariseos, tentándolo y diciéndole: –¿Está permitido al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? Él, respondiendo, les dijo: –¿No habéis leído que el que los hizo al principio, “hombre y mujer los hizo”, y dijo: “Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó no lo separe el hombre. Le dijeron: –¿Por qué, pues, mandó Moisés darle carta de divorcio y repudiarla? Él les dijo: –Por la dureza de vuestro corazón, Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera. Le dijeron sus discípulos: –Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse.” (RV1995)

Vemos aquí como Yeshúa entra en la discusión que había entre la casa de Hilel y la casa de Shamai dando razón a la interpretación de éste último. Podemos sacar varias conclusiones de este texto:

El divorcio no es el plan original del Eterno para el hombre.

El divorcio fue permitido por el Eterno, no ordenado.

El Eterno permitió el divorcio por causa de la dureza del corazón del hombre y la mujer.

La causa de un divorcio para poder casarse con otra no puede ser cualquiera – sólo por algo indecente, hebreo “ervat davar”, traducido como fornicación (RV) e infidelidad (LBLA) en Mateo 19:9.

La expresión ervat davar – alguna promiscuidad – es la clave en toda esta discusión. La pregunta que le hicieron al Rebe fue: “¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?”, siguiendo la interpretación de Hilel que entiende la expresión ervat davar como cualquier causa. El Rebe contesta que ervat davar no significa cualquier cosa que desagrade al hombre, sino tiene que ver con una desviación sexual en ella, que fue traducido al griego como porneia – πορνεία, fornicación.

Pero si ella hubiera cometido adulterio durante el tiempo de desposorio tendría que ser apedreada, no despedida en divorcio, (Deut. 22:20-24; Lev. 20:10). La Torá no puede tener dos legislaciones diferentes para un delito.

La despedida de una mujer tiene que ser por un acto oficial de entrega de una carta de divorcio, llamada guet - גט. Esto le devuelve a la mujer el estatus de no casada y, por lo tanto, el derecho a casarse de nuevo con otro. La carta de divorcio es precisamente el documento oficial y legal que da el derecho a la mujer de casarse de nuevo. Sin un guet, sería una adúltera si se uniera a otro hombre.

Según la respuesta de Yeshúa, en Mateo 19:9, un hombre no comete adulterio al despedir a su mujer y casarse con otra, si hay en ella una conducta sexual indecente – ervat davar. La expresión ervat davar se encuentra también en el capítulo anterior en esta misma parashá (Deut. 23:14) refiriéndose a los excrementos humanos, que no podían ser vistos por la Presencia del Eterno ni dentro ni fuera del campamento de guerra. Sería algo indecente para la Presencia divina.

Concluyamos pues, que la expresión ervat davar en el capítulo 24 no se está refiriendo ni a cualquier conducta desagradable de la mujer, según los caprichos del hombre, ni a la fornicación anterior al matrimonio o al adulterio durante el desposorio o el matrimonio, sino a una desviación sexual de la mujer muy desagradable para el esposo, de la misma manera que los excrementos puestos en el suelo, dentro o cerca del campamento de guerra santo, causarían disgusto a la Presencia divina.

Así que, según la enseñanza de Yeshúa en Mateo 19, donde explica el texto de Deuteronomio 24, el divorcio está permitido, para las personas con corazones duros, cuando existe algún tipo de comportamiento causado por una perversión sexual muy desagradable en el cónyuge.

Sin embargo cada divorcio causa lagrimas en el cielo (Mal. 2:13-15).

Un divorcio oficial, con la entrega de un documento legal, da el derecho a casarse de nuevo con otra persona.

Para los que han recibido el Espíritu del Mesías por medio del nuevo nacimiento hay una orden más, según lo que está escrito en 1 Corintios 7:10-11: “A los casados instruyo, no yo, sino el Señor: que la mujer no debe dejar al marido (pero si lo deja, quédese sin casar, o de lo contrario que se reconcilie con su marido), y que el marido no abandone a su mujer.” (LBLA)

Que el Padre celestial nos dé gracia para que no haya divorcios entre nosotros.

Bendiciones,

Ketriel

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