Ki Tetsé 49-3

Ki Tetsé 49-3

Cuando salgas

Deuteronomio 22:8 – 23:6 (Heb. 23:7)

Por Dr.K. Blad

Pero si el asunto es verdad, que la joven no fue hallada virgen, entonces llevarán a la joven a la puerta de la casa de su padre, y los hombres de su ciudad la apedrearán hasta que muera, porque ella ha cometido una infamia en Israel prostituyéndose en la casa de su padre; así quitarás el mal de en medio de ti… Si un hombre encuentra a una joven virgen que no está comprometida, y se apodera de ella y se acuesta con ella, y son descubiertos, entonces el hombre que se acostó con ella dará cincuenta siclos de plata al padre de la joven, y ella será su mujer porque la ha violado; no podrá despedirla en todos sus días.

(Deut. 22:20-21, 28-29 LBLA)

¿Por qué hay pena de muerte en un caso y no en el otro?

Para HaShem la fornicación y el adulterio son pecados muy graves y la consecuencia máxima por cometer estos pecados es la pena de muerte para que ese mal sea quitado de Israel.

Sin embargo, en este texto encontramos dos casos de fornicación diferentes. En el primer caso hay una mujer que había cometido fornicación con otro hombre antes de casarse y no fue descubierto su pecado hasta después del matrimonio. En el segundo caso hay un hombre que fornica con una mujer soltera y son descubiertos. En el primer caso la Torá dicta la pena de muerte pero en el segundo caso sólo obliga al hombre a pagar el dinero de la adquisición de la mujer para que sea su esposa. No vamos a hablar aquí de circunstancias y leyes halájicas que pueden evitar la pena de muerte e impedir el casamiento en el segundo caso, sólo vamos a aprender un principio importante de la Torá de estos dos ejemplos.

¿Por qué la Torá no dicta la misma sentencia en los dos casos? ¿Cuál es la diferencia entre ellos?

La diferencia entre los dos es la luz. En el primer caso la mujer no sacó a la luz lo que había hecho, pero en el segundo caso salió a la luz lo que el hombre había hecho con la mujer.

Encubrir el pecado es muy grave. En el primer caso la mujer actuaba como virgen sin serlo y se casó con un hombre fingiendo que era virgen. Si hubiese revelado lo que había hecho no hubiese tenido que sufrir las consecuencias mortales de su pecado.

En el segundo caso se descubrió el pecado antes de que la mujer iniciara una relación nueva con otro hombre. De esa manera se podía arreglar un matrimonio legal entre ellos y no había ninguna pena de muerte.

Esto nos enseña dos cosas importantes, primero que la fornicación es algo muy grave y lo segundo, que es peor esconder el pecado que revelarlo e intentar de arreglar por medios legales el daño hecho.

Ningún fornicario podrá entrar en el reino venidero y tener parte de la resurrección al menos que saque a la luz su pecado para que pueda recibir misericordia y ser perdonado.

“Porque con certeza sabéis esto: que ningún inmoral, impuro, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino del Ungido y de Dios.” (Ef. 5:5 LBLA revisada)

“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos de vosotros, pero ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Yeshúa y por el Espíritu de nuestro Dios.” (1 Cor. 6:9-11 RV1995 revisada)

“El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y los abandona hallará misericordia.” (Prov. 28:13 LBLA)

“Y este es el mensaje que hemos oído de El y que os anunciamos: Dios es luz, y en El no hay tiniebla alguna. Si decimos que tenemos comunión con El, pero andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad; mas si andamos en la luz, como El está en la luz, tenemos comunión los unos con los otros, y la sangre de Yeshúa su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a El mentiroso y su palabra no está en nosotros. Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Yeshua el Ungido el justo. El mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.” (1 Juan 1:5 – 2:2 LBLA revisada)

Kol tuv

Ketriel

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