Emor 31-3

Emor 31-3

Di

Levítico 22:17-33

Por Dr. K. Blad

Lo que tenga defecto, no ofreceréis, porque no os será aceptado. 

(Lev. 22:20 LBLA)

¿Pueden nuestras ofrendas ofender al Eterno?

El Eterno dice lo que hay que hacer para ser aceptado delante de Él. ¡Qué bondad la que sale de su Torá! HaShem nos da instrucciones concretas para saber lo que le gusta y lo que no le gusta para que podamos estar cerca de él sin ser motivo de disgusto, como dice al final de esta aliyá: “No profanaréis mi santo nombre, sino que seré santificado entre los hijos de Israel; yo soy el SEÑOR que os santifico” (Lev. 22:32 LBLA)

Lo que ofrecemos al Eterno muestra lo que pensamos de él. Si damos lo que nos sobra mostramos que él no es el primero, sino muy poco estimado por nosotros. Si damos algo que no nos gusta, mostramos que pensamos que él no merece lo que nos gusta. Si le damos lo mediocre mostramos que él no es importante para nosotros. Si le damos algo con defecto, mostramos que él no vale mucho en nuestras vidas. Nuestras ofrendas muestran lo que pensamos de él.

El que da lo que más valora, muestra que HaShem es lo más valioso en su vida. El que da algo que le cuesta muestra que tiene amor al Eterno. El que primero da al Eterno y luego piensa en sí mismo, muestra que tiene las prioridades correctas.

En Malaquías 1:6-14 está escrito: “El hijo honra a su padre, y el siervo a su señor. Pues si yo soy padre, ¿dónde está mi honor? Y si yo soy señor, ¿dónde está mi temor?--dice el SEÑOR de los ejércitos a vosotros sacerdotes que menospreciáis mi nombre--. Pero vosotros decís: "¿En qué hemos menospreciado tu nombre?" Ofreciendo sobre mi altar pan inmundo. Y vosotros decís: "¿En qué te hemos deshonrado?" En que decís: "La mesa del SEÑOR es despreciable."

Y cuando presentáis un animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Y cuando presentáis el cojo y el enfermo, ¿no es malo? ¿Por qué no lo ofreces a tu gobernador? ¿Se agradaría de ti o te recibiría con benignidad?--dice el SEÑOR de los ejércitos. Ahora pues, ¿no pediréis el favor de Dios, para que se apiade de nosotros? Con tal ofrenda de vuestra parte, ¿os recibirá El con benignidad?--dice el SEÑOR de los ejércitos. ¡Oh, si hubiera entre vosotros quien cerrara las puertas para que no encendierais mi altar en vano! No me complazco en vosotros--dice el SEÑOR de los ejércitos-- ni de vuestra mano aceptaré ofrenda.

Porque desde la salida del sol hasta su puesta, mi nombre será grande entre las naciones, y en todo lugar se ofrecerá incienso a mi nombre, y ofrenda pura de cereal; pues grande será mi nombre entre las naciones--dice el SEÑOR de los ejércitos. Pero vosotros lo profanáis, cuando decís: "La mesa del Señor es inmunda, y su fruto, su alimento despreciable." También decís: "¡Ay, qué fastidio!" Y con indiferencia lo despreciáis--dice el SEÑOR de los ejércitos-- y traéis lo robado, o cojo, o enfermo; así traéis la ofrenda. ¿Aceptaré eso de vuestra mano?--dice el SEÑOR. ¡Maldito sea el engañador que tiene un macho en su rebaño, y lo promete, pero sacrifica un animal dañado al Señor! Porque yo soy el Gran Rey--dice el SEÑOR de los ejércitos-- y mi nombre es temido entre las naciones.” (LBLA)

Querido discípulo del Mesías, ¿das el diezmo al principio o al final? ¿Te levantas para orar antes de desayunar todos los días? ¿Te esfuerzas para cantar bonito ante el Eterno? ¿Te empeñas en la oración para que tus palabras no sean vanas repeticiones? ¿Obedeces con ganas o murmurando? ¿Tienes ganas de que termine el shabat para poder correr a tu trabajo o disfrutas del Eterno todo lo que puedas en su día?

Nuestras ofrendas muestran qué pensamos de nuestro Padre celestial. ¡Qué bueno que nos dice en su Torá lo que no le gusta!

Ketriel

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