Tsav 25-2

Tsav 25-2

Manda

Levítico 6:19 – 7:10 (6:12 – 7:10 heb.)

Por Dr. K. Blad

Todo varón de entre los sacerdotes puede comer de ella. Se comerá en un lugar santo; es cosa santísima. La ofrenda por la culpa es como la ofrenda por el pecado, hay una misma ley para ambas; al sacerdote que hace expiación con ella, le pertenecerá. También el sacerdote que presente el holocausto de alguno, la piel del holocausto que haya presentado será para él. De la misma manera, toda ofrenda de cereal que sea cocida al horno, y todo lo que sea preparado en cazuela o en sartén, pertenecerá al sacerdote que la presente. Y toda ofrenda de cereal mezclada con aceite, o seca, pertenecerá a todos los hijos de Aarón, a todos por igual.  (Lev. 7:6-10 LBLA)

¿Cuál es el derecho de los que sirven en el altar?

El Eterno escogió a los sacerdotes para servir en el altar. Era un trabajo duro y complicado y muchas veces atentaba contra la salud, porque al servir, los sacerdotes sólo vestían ropas de lino y tenían que caminar descalzos. Durante el invierno tenían que pasar frio durante su servicio en el templo. Sólo la bondadosa mano del Eterno podía guardarles de las enfermedades. En todo esto tenían que mantener su ánimo alegre para que su servicio pudiera ser bien recibido delante del Eterno y para que el pueblo pudiera encontrarse con la alegría del Eterno cuando venían con sus ofrendas al santuario.

Una persona escogida para servir al Eterno de manera más sagrada tiene que pagar un precio más alto para poder cumplir su ministerio. Hay mayor exigencia de disciplina, oración, estudios, entrega, esfuerzo y sobre todo responsabilidad. La carga de la responsabilidad de un líder es muchas veces lo que más le pesa, al menos si tiene una conciencia sensible y desea hacer las cosas correctamente delante del Eterno y de los hombres.

A esto se puede añadir ayunos y desvelos, envidias y habladurías de la gente, malos entendidos y persecuciones de los impíos. La lista puede ser larga, como en 2 Corintios 6:4-10: “en todo nos recomendamos a nosotros mismos como ministros de Dios, en mucha perseverancia, en aflicciones, en privaciones, en angustias, en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos, en pureza, en conocimiento, en paciencia, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, en la palabra de verdad, en el poder de Dios; por armas de justicia para la derecha y para la izquierda; en honra y en deshonra, en mala fama y en buena fama; como impostores, pero veraces; como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, y he aquí, vivimos; como castigados, pero no condenados a muerte; como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, aunque poseyéndolo todo.” (LBLA)

Un escogido tiene que sacrificarse más que el resto del pueblo, pero al mismo tiempo tiene el derecho a recibir una buena recompensa tanto en este mundo como en el mundo venidero cuando es fiel a su llamado. Los sacerdotes tenían el derecho y la obligación de comer de los sacrificios que fueron presentados en el tabernáculo y los dos templos. También podían beneficiarse de las pieles y demás productos que no fueron quemados en el altar.

Esto nos enseña que el que se dedica al servicio del templo y todo lo relacionado con él, tiene el derecho a beneficiarse económicamente de ello.

Con otras palabras, los que se consagran al estudio y enseñanza de la Torá y todo lo que tiene que ver con el culto divino, tienen el derecho a recibir los diezmos y ofrendas del pueblo que se beneficia de su servicio, como está escrito en 1 Corintios 9:13-14: “¿No sabéis que los que desempeñan los servicios sagrados comen la comida del templo, y los que regularmente sirven al altar, del altar reciben su parte? Así también ordenó el Señor que los que proclaman el evangelio, vivan del evangelio.” (LBLA) Y en Gálatas 6:6 está escrito: “Y al que se le enseña la palabra, que comparta toda cosa buena con el que le enseña.” (LBLA) Y en 1 Timoteo 5:17-18 está escrito: “Los ancianos que gobiernan bien sean considerados dignos de doble honor, principalmente los que trabajan en la predicación y en la enseñanza. Porque la Escritura dice: NO PONDRAS BOZAL AL BUEY CUANDO TRILLA, y: El obrero es digno de su salario.”(LBLA)

Kol tuv,

Ketriel

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