Bo 15-3

Ven

Éxodo 10:24 – 11:3

Por Dr. K. Blad

Entonces llamó Faraón a Moisés y le dijo: Id, servid al SEÑOR; sólo que vuestras ovejas y vuestras vacadas queden aquí. Aun vuestros pequeños pueden ir con vosotros. Pero Moisés dijo: Tú también tienes que darnos sacrificios y holocaustos para que los sacrifiquemos al SEÑOR nuestro Dios. Por tanto, también nuestros ganados irán con nosotros; ni una pezuña quedará atrás; porque de ellos tomaremos para servir al SEÑOR nuestro Dios. Y nosotros mismos no sabemos con qué hemos de servir al SEÑOR hasta que lleguemos allá. 

(Éx. 10:24-26 LBLA)

 

¿Con qué se puede servir al Eterno?

El faraón finalmente dio permiso para que los hijos de Israel pudieran salir a servir al Eterno en el desierto. Pero no permitió que se llevaran sus animales, sus bienes. Moshé no se dejó engañar con esta astucia. No era suficiente tener sólo las familias consigo en el servicio divino. También había que llevar los animales.

Esto nos enseña que para servir al Eterno no es suficiente que sólo los hombres lo hagan. Hay que llevar su familia consigo en el servicio divino. Las fiestas de Israel no son sólo para los varones (10:11), sino para jóvenes, ancianos, hombres, mujeres, niños y niñas (10:9). En las fiestas tienen que estar todos y todos tendrán que sentir la alegría y la satisfacción de la celebración. Si hay una celebración donde uno de esos grupos no pueda sentirse alegre, no podrá ser una fiesta para el Eterno.

Además, no es suficiente servir al Eterno sólo con instrumentos, cantos y danzas. Tiene que haber una entrega total que incluye absolutamente todo. Moshé pidió todo lo que pertenecía a los hijos de Israel con el fin de entregar todo al Eterno. Sin una entrega total no podrá haber un servicio correcto al Eterno. El merece todo. No se puede retener nada a la hora de servirle.

Moshé no hablaba palabras astutas o mentirosas con el faraón. No dijo que ni una pezuña podía quedarse en Egipto con el fin de escaparse con todo. Era verdad lo que dijo, que a la hora de servir al Eterno hay que estar dispuesto a entregarle TODO.

Para que nuestras vidas puedan llegar a servir al Eterno correctamente tenemos que entregarle todo, no sólo nuestros cuerpos, no sólo nuestras familias, no sólo nuestras alabanzas, no sólo nuestro tiempo, sino todos nuestros bienes. Ni una pezuña podrá quedarse atrás cuando se trata de nuestra entrega al servicio divino. Si no estamos dispuestos a darle todos nuestros bienes materiales y todo nuestro dinero, no podremos servirle. El podrá pedir cualquier cosa nuestra y tenemos que estar dispuestos a entregárselo en sacrificio. Así habrá una fiesta de verdad.

Si no has experimentado la felicidad en tu relación con el Eterno, es porque no le has entregado todo. Si retienes algo en tu entrega, tu sacrifico no será aceptado por él y no podrás experimentar la felicidad en tu alma.

          Que seas feliz,

          Ketriel

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