Bo 15-2

Ven

Éxodo 10:12-23

Por Dr. K. Blad

Entonces Faraón llamó apresuradamente a Moisés y a Aarón, y dijo: He pecado contra el SEÑOR vuestro Dios y contra vosotros. Ahora pues, os ruego que perdonéis mi pecado sólo esta vez, y que roguéis al SEÑOR vuestro Dios, para que quite de mí esta muerte… Pero el SEÑOR endureció el corazón de Faraón, y éste no dejó ir a los hijos de Israel. 

(Éx. 10:16-17, 20 LBLA)

¿Hay arrepentimiento ficticio?

Cuando las langostas vinieron sobre Egipto y comieron todo lo que podían, el alma de del faraón se debilitó. Llamó a Moshé y Aharón y reconoció que había pecado contra el Eterno y contra ellos y les pidió perdón por su pecado y ayuda para ser liberado de la plaga de las langostas. Luego la Torá dice que el Eterno fortaleció el corazón del faraón para que él pudiera hacer lo que realmente deseaba, no enviar a los hijos de Israel. En el texto hebreo no está escrito que el Eterno endureció su corazón, sino que lo fortaleció – vayejazek ויחזק  – de la raíz jazak – חזק  – fuerte.

Esto nos enseña que el arrepentimiento del faraón sólo era ficticio. Sólo se arrepintió en la superficie de su alma para obtener beneficios propios y ser liberado de la plaga. Pero cuando la plaga desapareció, su corazón seguía siendo igual. Su arrepentimiento no había salido de su corazón, sino de su alma. No era profundo. No había cambiado la actitud en lo más íntimo.

Hay muchas personas que vienen al Eterno cuando las cosas van mal para pedir ayuda. Saben que su estilo de vida no está de acuerdo con su Creador y por eso sienten la necesidad de confesar sus pecados y pedir perdón. Pero su solicitud de perdón es sólo condicional. Lo hacen con el fin de quedar bien esa vez con el Eterno para obtener una ayuda momentánea, no para cambiar su vida por completo y dejar de hacer lo que les interesa a ellos mismos. Su corazón no está entregado al Eterno. Sólo le buscan por interés. Cuando luego el Eterno les ayuda se apartan, porque su corazón nunca fue cambiado. No hubo arrepentimiento de verdad, sólo ficticio.

El Eterno no es un fontanero que se llama cuando hay inundación en la casa. Es un Padre y un Jefe que hay que obedecer en todo y no sólo cuando las cosas van mal.

Deja de vivir para ti mismo. Deja de decidir cuándo vas a hacer caso al Eterno. Humilla tu corazón para estar a cuentas con él cuando las cosas van mal y cuando todo va bien. ¡Arrepiéntete de verdad!

          Que el Eterno te dé revelación para entender este mensaje.

          En el Mesías Yeshúa,

          Ketriel

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