VaErá 14-1

Y me aparecí

Éxodo 6:2-13

Por Dr. K. Blad

Entonces el SEÑOR habló a Moisés y a Aarón, y les dio órdenes para los hijos de Israel y para Faraón, rey de Egipto, a fin de sacar a los hijos de Israel de la tierra de Egipto. 

(Éx. 6:13 LBLA)

¿Las palabras de quién tienen más fuerza?

Moshé habló al pueblo unas promesas fantásticas de liberación de la esclavitud y la introducción en la tierra prometida a los padres con el privilegio de tener al Eterno como su Elokim. Pero los hijos de Israel no escucharon a Moshé por la angustia que estaban pasando. Anteriormente los jefes hebreos se habían rebelado contra Moshé reprendiéndole por haber agravado la carga del pueblo.

Luego el Eterno ordenó a Moshé hablar al faraón para que dejara salir a los hijos de Israel de su tierra. Pero el faraón no había querido escuchar antes sino había puesto más presión sobre el pueblo por las palabras que Moshé había transmitido.

Por eso Moshé dijo que si el pueblo no le había querido escuchar, ¡cuánto menos el faraón!

Así que las palabras del pueblo se oponían a las palabras del Eterno, las palabras del faraón se oponían a las palabras del Eterno y las palabras de Moshé se oponían a las palabras del Eterno. Pero el Eterno seguía dando órdenes para los hijos de Israel y para el faraón a fin de sacar a los hijos de Israel de la tierra de Egipto. Entonces ¿las palabras de quién tuvieron más fuerza al final? La historia misma da la respuesta a esa pregunta.

Las palabras del pueblo no tuvieron éxito, las palabras del faraón perdieron su fuerza y las palabras propias de Moshé cayeron a la tierra sin poder cambiar el propósito divino, pero lo que había dicho el Eterno se cumplió al pie de la letra.

Las palabras de los hombres que se oponen a lo que ha dicho el Eterno perderán su fuerza aunque ahora parece que tienen mucha influencia en su contorno. Pero el consejo del Eterno permanecerá para siempre. Bendito el hombre que sabe colaborar con las palabras del Eterno.

“Tema al SEÑOR toda la tierra; tiemblen en su presencia todos los habitantes del mundo. Porque El habló, y fue hecho; El mandó, y todo se confirmó. El SEÑOR hace nulo el consejo de las naciones; frustra los designios de los pueblos. El consejo del SEÑOR permanece para siempre, los designios de su corazón de generación en generación.” (Sal. 33:8-11 LBLA)

No hables en contra de lo que el Eterno ha dicho. Sólo dañarías a ti mismo y a los que te rodean. Recibe sus palabras en tu corazón, créelas, háblalas y vívelas y con el tiempo las verás cumplidas. “El que habla, que hable conforme a las palabras de Dios” (1 Ped. 4:11a LBLA)

          Shavua tov,

 

          Ketriel

 

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