Shemot 13-6

Nombres

Éxodo 4:18-31

Por Dr. K. Blad

Moisés se fue y volvió a casa de su suegro Jetro, y le dijo: Te ruego que me dejes ir para volver a mis hermanos que están en Egipto, y ver si aún viven. Y Jetro dijo a Moisés: Ve en paz. 

(Éx. 4:18 LBLA)

¿Qué hay en tu corazón?

Después de cuarenta años con Yitró, su suegro, Moshé seguía teniendo a los hijos de su pueblo en su corazón. Los llamó “mis hermanos”. La Torá revela que Moshé tenía un fuerte sentimiento de hermandad con su pueblo (2:11b). Este sentimiento no se había perdido durante los cuarenta años lejos de ellos. El Eterno sentía muy fuertemente por su pueblo (3:7), y Moshé sintió lo mismo porque cultivaba diariamente su relación personal con Él. El hecho de llamar a su hijos Gershom – extranjero allí – también muestra que su corazón estaba con los hijos de Israel.

El que es capaz de sentir la compasión del Eterno por otros podrá servir de ayudante para aliviar la carga de los necesitados y liberar a los oprimidos. El que busca hacer milagros de sanidad y de liberación para obtener poder, famao dinero, no conoce el corazón de HaShem y nunca será aprobado por él. La compasión de HaShem por su pueblo no solamente estaba en el corazón de Moshé desde que vio sus trabajos forzados a los cuarenta años de edad (2:11; Hech. 7:23), sino en el encuentro con el ángel en la zarza ardiendo fue reforzado tremendamente ese fuego de amor y de compasión que no consume al que lo lleva dentro, sino que lo motiva para actuar y ayudar.

Cuando Moshé salió con su familia, tuvo que pagar su propio asno, el medio de transporte (4:20). Aunque tenía todo el derecho de ser recompensado por él por estar sirviendo en la misión de la redención del pueblo, no lo reclamó más tarde (Núm. 16:15). Asumió el costo de su propio bolsillo. Esta es una señal de un verdadero siervo de la redención, está dispuesto a dar todo lo que tiene para ayudar a las personas que están en su corazón, sus hermanos.

Que el Eterno nos llene de su amor, compasión y preocupación por nuestros hermanos y que no consideremos ningún precio demasiado alto para ser colaboradores de la redención.

          Ketriel

 

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