¿Será bíblica la doctrina

de la Trinidad?

 

Introducción – mi experiencia personal Los recuerdos que tengo de mi infancia son muy buen os. Mis padres se habían criado dentro del pentecostalismo sueco y, por eso, desde pequeño me enseñaron la Biblia. A base de esto tuve la oportunidad de tener mi primera experiencia del perdón de mis pecados cuando tenía cinco años de edad, en el verano de 1967. Fue una experiencia inolvidable. Yo había cometido algo que hizo que mi conciencia –que acababa de despertar– me golpeara, y me hiciera sentir culpable y sucio por dentro. Mi madre y mi tía me ayudar on a pedir perdón al Dios de Israel, y recibir limpieza de mi pecado, por medio de la sangre de su Hijo,1 quien todavía tiene poder para quitar pecados. Me acuerdo que dejé el momento de oración, no solamente con una convicción de que había sido perdonado, sino también con una fuerte sensación de pureza interna. ¡Bendito sea el Eterno por la sangre del Cordero!

 

Mis padres me enseñaron a orar al Dios de Israel. Pero por regla general solían orar más a Jesús que a Dios, y nos dijeron, según el conocimiento que tenían, que debemos orar a Jesús en lugar de Dios. Lo aceptamos como niños confiados y obedientes a las enseñanzas de los padres.

Con esto no quiero criticar a mis padres 2 por lo que me enseñaron, porque me dieron lo que habían recibido a través de su herencia cristiana. 3 Realmente deseo honrar a mi padre y a mi madre y quiero aprovechar la oportunidad de expresarles mi profunda gratitud por haberme enseñado el camino a la salvación, mediante la gracia de Elohim, 4 por la fe en la muerte expiatoria y la resurrección del Mesías de Israel, según las Escrituras hebreas divinamente inspiradas 5.Nunca dejaré ese camino.

1El concepto “hijo” tiene varios significados en las Escrituras hebreas, (ver mis comentarios sobre Jumash (Pentateuco)). Cuando se habla del “Hijo de Dios” no debe ser entendido como el producto de un nacimiento divino. El Eterno no se reproduce como los seres biológicos que Él ha creado. La idea de que los dioses puedan tener hijos es de origen pagano. En el caso del Mesías, el concepto Hijo no tiene que ver con su esencia, sino con su función. Tiene que ver con su papel de representante e imitador del Único que es Elohim, el Padre, cf. Juan 5:19. El papel de ser Hijo del Eterno significa tener un puesto de autoridad como Juez, Rey o Sacerdote, c.f. 1 Crónicas 22:9-10; Romanos 1:4; Hechos 13:32-33; Hebreos 5:5.

2Mis padres viven todavía y están muy activos en el momento de escribir esto. Han cambiado muchísimo desde que yo era pequeño. Ellos están totalmente de acuerdo con la línea de enseñanza que estoy dando en este libro.

3Mi abuelo materno era uno de los pioneros del avivamiento pentecostal en Suecia.

4Prefiero utilizar la palabra Elohim, en lugar de Dios, porque la palabra Dios es de origen pagano y la palabra Elohim viene del hebreo. De esta manera el lector podrá saber de qué Dios estamos hablando, el Dios de Israel, no el dios del hinduismo, del budismo, del islam o de alguna otra religión falsa.

 

Lo que sucedió cuando el Mesías murió y fue resucitado, es el eje central de toda la obra redentora de Elohim y constituye el punto de partida de mi entendimiento de la revelación divina.

 

División mental.

Sin embargo, la enseñanza y práctica de pedir a Jesú

s, en lugar de Dios, que la tradición cristiana

me había enseñado, produjo una división en mi me

nte entre el Padre y el Hijo. Para mí, el Padre

era el Dios cruel del Antiguo Testamento que juzgaba severamente a las personas y mataba a los

pecadores y exigía obediencia en su pueblo. Confo

rme yo entendía las cosas entonces, el Hijo

estaba mucho más lleno de gracia y amor que el P

adre, así que para mí era más fácil pedir al Hijo

porque yo sabía que Él me amaba.

Poco sabía yo que estaba practic

ando un tipo de teología de

reemplazo, donde se da al Hijo el lugar de su P

adre, algo que es totalmente inaceptable en la

cultura y mente hebrea.

Unos años más tarde, estuve en una conferencia

cristiana durante la pascua. Y por medio de la

predicación de las Escrituras que

se hizo allí, pude tener una reve

lación mucho más profunda de lo

que significa la muerte del Mesías, y pude entend

er que Él había sufrido personalmente por mí.

Esto produjo un fuego dentro de mi corazón y a partir de esa experiencia empecé a tomar en serio

la vida espiritual, mediante la lectura y estudio

de las Sagradas Escrituras y una vida de oración

constante y disciplinada. A consecuenci

a de esto no solamente mi vi

da espiritual se estableció, sino

también experimenté crecimiento y

madurez espiritual. La

s Escrituras llegaron a ocupar el primer

lugar en mi vida y yo estaba dispuesto a ajusta

r mi vida según sus enseñanzas, de acuerdo al

conocimiento que yo para ese entonces tenía.

En este proceso de búsqueda de la verdad, median

te estudios diarios de la Palabra de Elohim, pude

entender muchas cosas que antes no había po

dido entender. Muchos conceptos preconcebidos y

heredados de mis padres y profesore

s cristianos, que eran ajenos a

las Escrituras, fueron eliminados

y cambiados por los de la Biblia.

El Padre mismo me ama

Una de las muchas cosas que descub

rí, era que no solamente el Hi

jo me amaba, sino el mismo

Padre.

Una vez, cuando estaba leyendo en el evangelio

según Juan capítulo 16, tuve la experiencia del

quebrantamiento del pensamiento que yo guardaba re

ferente a que el Padre no me amaba tanto. Yo

le había comprendido como un Dios

cruel, según mi escaso entendimie

nto de lo que, en ese tiempo,

yo llamaba “el Antiguo Testamento.” Pero ahora la

Palabra celestial empezó a

penetrar en mi espíritu

para un mayor conocimiento de Elohim.

5

Ver 2 Timoteo 3:15-17. Considero como Escritura inspirad

a las versiones originales en hebreo y arameo de los 66

libros de la Biblia.

En Juan 16:23-28 está escrito, según la versión La Biblia de Las Américas (LBLA):

En aquel día no me preguntaréis

(o pediréis)

nada. En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al

Padre, os lo daré en mi nombre.

Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y

recibiréis, para que vuestro gozo sea completo. Estas cosas os he hablado en leguaje figurado;

viene el tiempo cuando no os hablaré más en

lenguaje figurado, sino que os hablaré del

Padre claramente. En ese día pediréis en mi nom

bre, y no os digo que yo rogaré al Padre

por vosotros, pues

el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado y habéis

creído que yo salí del Padre.

Salí del Padre y he venido al mundo; ahora dejo el mundo

otra vez y voy al Padre.”

¡Qué revelación fue para mí saber que el Padre

mismo me ama, porque yo he amado a Yeshúa

6

y he

creído que Él salió del Padre!

Lo segundo que me impactó de este

texto era que Yeshúa dijo que al

no estar él en la tierra, sus

discípulos no le preguntarían o pedirían nada, y

luego dice que deberían pedir al Padre en su

nombre. Entonces me hice la pregunta: ¿Dónde está escrito en la Biblia que debemos “orar a Jesús”

en lugar del Padre, como me habían enseñado mis

padres? Empecé a buscar por toda la Biblia y no

encontré ningún texto que dijera que debemos “ora

r a Jesús”. Todo lo contrario, Yeshúa dijo que

no le íbamos a preguntar nada,

y luego nos dice que debemos ped

ir al Padre en su Nombre. Pedir

en el nombre de Yeshúa significa que nos acerca

mos al Padre y le pedimos cosas por los méritos de

Yeshúa, a base de lo que él signif

ica para el Padre y de lo que él ha

hecho y hace a

favor de nosotros

ante el Padre.

Y luego dice Yeshúa que el Padre mismo nos ama.

Mi esquema mental fue quebrado

Esto rompió todo mi entendimiento de la orac

ión, que mis padres me habían enseñado.

Como buenos pentecostales habíamos orado siempre

a “Jesús”. Pero en realidad Jesús no era muy

grande en nuestras mentes. Pensábamos que era Di

os, porque así nos lo habían enseñado nuestros

profesores, según la tradición cristiana, pero en

la práctica teníamos un entendimiento bastante

diferente del Hijo comparado con el Padre. “Jes

ús” era para nosotros co

mo un dios pequeño y

limitado.

También era fácil pensar que el Hijo era el buen

o que vino con la gracia y el “Nuevo Testamento”

de amor, mientras que el Padre era el Dios de la

Ley del “Antiguo Test

amento” que castigaba a

todos los pecadores sin misericordia. Nos habían

enseñado que el Padre era

el Dios del “Antiguo

Testamento” y que “Jesucristo” era el Dios del “Nuevo Testamento”. Y como también habían

dicho que la ley, la cual era considerada lo mismo

que el “Antiguo Testamen

to”, había sido abolida

por “Cristo”, ya no podíamos seguirla. (Esto fu

e debido a que seguían, entre otras cosas, las

6

Este es su nombre verdadero, hebreo, que prefiero utilizar.

traducciones erróneas de Romanos 10:4

7

). Lo que valía ahora era el “Nuevo Testamento”, que

había sustituido al “Antiguo”. Algunos de nuestros

profesores también nos habían enseñado que el

Nuevo Pacto abolió todos los demás pactos, porque el

pueblo de Israel no había sido fiel. La iglesia

cristiana era ahora el nuevo Israel y todas las pro

mesas que son para Israel fueron automáticamente

transferidas a nosotros; no pensábamos que valían

para el pueblo judío.

Para nosotros el Padre era

el Dios de la ley, y “Jesucristo”

era el Dios de la gracia. “Jesucris

to” había venido a sustituir al Padre

y ahora todos nos relacion

ábamos solamente con él.

Pero ahora fui retado por el mismo Mesías por

medio de las Escrituras del Pacto Renovado. Me

dijo que yo no debería preguntarle

o pedirle nada, sino ir al Padr

e y pedir al Padre en su Nombre.

También encontré otros textos bíblicos que hablaban del mismo tema, y también ellos me decían la

misma cosa. Tuve un conflicto en mi interior.

Tuve que elegir entre seguir la tradición de mis

padres o la enseñanza del Mesías...

Opté por ser fiel a la Palabra más que a la tradi

ción de los hombres. ¡Desde entonces esa ha sido

mi postura en la vida!

Al empezar a adorar al Padre mi

amor por el Mesías aumentó

Empecé a adorar

al Padre

, como me enseñó el Mesías segú

n Juan 4:23-24. Y algo sucedió dentro

de mí. Mi vida espiritual empezó a desarrollarse

muchísimo más que antes. Yeshúa, el Hijo de

Elohim, se hizo mucho más grande para mí. Me

di cuenta que el Hijo me lleva al Padre y me

revela al Padre, y que el Padre me lleva y me re

vela al Hijo, según está

escrito en Mateo 11:27

(LBLA):

“Todas las cosas me han sido entregadas por

mi Padre; y nadie conoce al Hijo sino el

Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el

Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera

revelar.”

Y en Juan 1:18 está escrito (RV):

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito

Hijo, que está en el seno del Padre,

Él le

declaró.

Después de aquel campamento cuando pude ver al

go más de lo que el Mesías había sufrido por

amor a mi persona, se ha desarrollado un deseo

cada vez más profundo de conocer al Mesías, según

está escrito en la carta de Shaúl (Pab

lo) a los Filipenses 3:7-11 (LBLA revisión mía):

“Pero todo lo que para mí era ganancia,

lo he estimado como pérdida por amor del

Mesías

.

Yo estimo como pérdida todas las co

sas en vista del incomparable valor de

conocer

al Mesías Yeshúa

, mi Señor, por quién lo he perdido todo, y lo considero como basura a

7

La palabra griega que ha sido traducida como ”fin” tien

e dos significados: ”terminaci

ón” y “propósito”/”meta”. Al

traducir la palabra como “fin”, dándole el sentido de “termi

nación”, se introduce en las Escrituras un concepto no

bíblico y se transmite la tradición anti judía de que “Jes

ús” anuló las Escrituras hebreas, algo que es totalmente

imposible para el Mesías ve

rdadero, ver Mateo 5:17-19.

fin de

ganar al Mesías

, y

ser hallado en Él

, no teniendo mi propia

justicia derivada del

legalismo, sino la que es por la fe en el Mesí

as, la justicia que procede de Elohim sobre la

base de la fe, y

conocerle a Él

, el poder de su resurrección y la participación en sus

padecimientos,

llegando a ser como Él

en su muerte, a fin de llegar a la resurrección de

los muertos.”

Esta es la meta de mi vida y mi oración

al Padre, por medio de Yeshúa, su Hijo.

Un encuentro muy personal con mi rabino

En todo este proceso de intensa búsqueda por co

nocer al Mesías, tuve una experiencia hace unos

cuantos años, que cambió totalmente

mi entendimiento de quién era Él.

El Eterno me dio la oportunidad de ver al Hijo

y tener un encuentro muy personal y especial con

Él. No voy a entrar en los detalles, en este mo

mento, pero puedo decir que pude verle como un

rabino judío. Hasta entonces “Jesucristo” había sido

para mí, el mejor cristiano de la historia. Él

era el ideal para todo cristiano y yo procuraba

ser como Él. Pero ahora,

repito, pude verle como

un rabino judío. ¡Ni siquiera era cristiano!

Desde entonces realmente me di cuenta que Él

nunca vivió como cristiano. Nunca celebró el

domingo. Nunca celebró la Navidad. Nunca comi

ó cerdo u otras cosas inmundas, prohibidas en

la Torá (Ley). Nunca quebrantó

las reglas de su Padre. Nunca

dijo que sus discípulos deberían

salir por el mundo a convertir a los gentiles en c

ristianos, sino en seguidores de Él. Cuando

estudié la historia de la iglesi

a me di cuenta que había habido

una ruptura considerable entre

aquel judaísmo que practicó el Mesías y el cristia

nismo que mis padres habían practicado cuando

yo era pequeño. Las tradiciones que mis padres

me habían enseñado eran tradiciones bíblicas

tergiversadas y mezcladas con otras

tradiciones que no te

nían nada que ver con el judaísmo que el

Mesías practicó.

Al verle como un rabino judío, surgió un profundo deseo de saber más acerca de la vida y las

enseñanzas de los judíos. Me puse a estudiar el

judaísmo, especialment

e el judaísmo como se

expresaba en el tiempo del segundo templo, cuando

Yeshúa estaba en la tierra de Israel. Me di

cuenta que muchas de las cosas que no había

entendido de las Sagradas Escrituras Judías (la

Biblia), empezaron a tener sentido si se mira

ban desde un punto de vista hebreo. Propuse

quitarme las “gafas” (lentes, es

pejuelos) greco-romanas para po

der leer la Biblia desde la

perspectiva hebrea original.

El material que presentamos aquí, fue escrito

por primera vez en Toledo, España, el año 5760,

según el cómputo judío, el año 2000, según el

cómputo romano. Entonce

s había estudiado el

judaísmo durante seis años. Seis años más tarde,

en el año 2006, empecé a hacer esta revisión, que

ahora es dada a conocer al público en español, inglés y sueco.

Muchas gracias a Johanna Potter que me ha ayu

dado con la traducción inglesa. También doy

gracias a mis padres que de todo corazón me está

n apoyando en mis estudios y que caminan en el

mismo camino de vuelta a aquella fe que, una ve

z por todas, fue entregada al pueblo escogido: el

judaísmo bíblico.

8

También quiero dar las gracias a Stig-Åke Gerdvall, Arne Andersson, Viveka

Sjulmark y todos los demás que me habéis inspirado

al recibir y transmitir este mensaje a otros.

Mil gracias a mi amada esposa y a mis hijos, que

fielmente han estado escuchando y escogido este

camino junto conmigo, para ir ca

minando hacia un entendimiento más profundo de aquel Mesías

que la Biblia nos presenta.

Beer-Sheva el 21 de Cheshvan de 5767

8

Ver Judas v. 3.

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