Jayei Sará 5-2

Las vidas de Sará

Génesis 23:17 – 24:9

Por Dr. K. Blad

Y Abraham le dijo: Guárdate de llevar allá a mi hijo... sólo que no lleves allá a mi hijo. (Gén. 24:6, 8b LBLA)

 

¿Por qué Yitsjak no pudo ir a la tierra de donde había salido Avraham?

Yitsjak tenía 40 años y ya había llegado el momento de buscarle una esposa. El Eterno no quiso que se casara con una mujer de las hijas de Kenáan, ni con una mujer de Egipto. Avraham hizo jurar a su siervo más confiable, Eliezer, por la señal del pacto de circuncisión, y le envió a buscar una esposa para su hijo de la tierra donde estaban sus parientes, descendientes de Shem, hijo de Noaj. Cuando Eliezer preguntó si podía llevar allí a Yitsjak, en el caso de que la mujer no quisiera venir, Avraham contestó rotundamente que no, y lo repitió dos veces. ¿Por qué Yitsjak no podía volver al lugar de donde había salido Avraham?

Por un lado vemos que Yitsjak no podía salir de la tierra prometida. Más adelante cuando intenta bajar a Egipto, el Eterno le prohíbe y le ordena quedarse en la tierra (26:2). Yitsjak fue el único de los tres patriarcas que no tenía permiso para salir al extranjero. Su vida estaba unida a la tierra de la promesa y allí tenía que permanecer hasta la resurrección.

Por otro lado tenemos que hacernos la pregunta ¿por qué Avraham no quiso que su hijo se fuera a ver a sus primos y demás familiares? ¿Qué mal había en eso?

Las Escrituras nos revelan que la familia de la cual había salido Avraham era idólatra (Jos. 24:15). Avraham tomó la decisión de abandonar toda práctica idolátrica y vivir sólo para el Creador de cielos y tierra (24:3). Él conocía muy bien la fuerza que los familiares podían ejercer sobre sus miembros y es muy posible que no quiso exponer a su hijo Yitsjak a las presiones emocionales que son producto de los lazos familiares, porque correría el riesgo de que adoptara sus costumbres paganas, lo cual contaminaría su alma y dañaría el plan de redención del mundo. Yitsjak era el hijo de la promesa y había que guardarle de toda contaminación maligna.

El ejemplo de Avraham avinu nos enseña que tenemos que cuidarnos mucho de enviar a nuestros hijos a un mundo que hemos dejado para que no sean contaminados por las costumbres de allí. Cuando dejamos atrás contextos y relaciones con los que practican las costumbres mundanas, es sumamente importante que no dejemos que nuestros hijos vuelvan allí. ¿Para qué entonces nos sacó el Eterno de allí? Todo el proceso de restauración y redención que estamos viviendo sería frenado y abortado en la siguiente generación.

Que el Eterno nos dé gracia para encaminar a nuestros hijos correctamente para que puedan continuar la línea de bendición y redención que hemos recibido por nuestro padre Avraham y nuestro Señor Yeshua el Mesías,

Ketriel

 

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